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Lunes 4 de abril al filo del mediodía. Empapado de sudor y con la respiración desaforada, cojeando también por
un accidente beisbolero, Andrés Manuel López Obrador abandona las instalaciones de Chapultepec 18. Lleva
consigo la promesa de equilibrio informativo, también otra cifra millonaria para gastar en más anuncios rumbo a la
marcha del silencio y en la agenda algo más. Había surgido un amable imprevisto: al día siguiente frente a las
cámaras platicaría durante 42 minutos con 53 segundos con un buen amigo suyo. Al menos ese día, el cielo se había
despejado. El martes, como casi siempre, López Obrador despertaría con el alba y llegaría puntual a las siete y media para
entrar 23 minutos después al estudio donde platicaría con Víctor Trujillo.
El sagaz anfitrión lo recibe con algo serio dicho en broma. Está con nosotros Andrés Manuel López
Obrador, anuncia, y enseguida agrega que primero iría con la corresponsal en el Vaticano. Inmediatamente después de
reírse de su chiste vendrían los elogios del locutor que comparan al tabasqueño con Luther King, Madero y Pino
Suárez. Durante casi una hora Trujillo acompaña, asiente, agrega, apoya, complementa, pregunta a modo e incluso
convoca al mitin de apoyo que se llevaría a cabo en favor de su interlocutor. "Es una buena causa", agrega entusiasta. En
ese contexto y junto a su admirador, López Obrador se preguntaría a qué fueron a Los Pinos los señores Azcárraga
y Salinas. "A lo mejor los invitaron a una kermés o a una piñata", especuló antes de decir que conocía bien a los dos y que sabía que no estaban dispuestos a aceptar consignas.
Una semana después, López Obrador volvería a estar en Televisa casi a la misma hora, durante 48 minutos,
pero en Canal 2 con Carlos Loret. Este fue un momento interesante:
CL: No siente usted, licenciado López Obrador, que hay algún sector de la población..., yo me atrevería decir, a riesgo
de que me critiquen muchísimo por esto, algún sector económicamente acomodado, económicamente... que ya no sólo
quiere con usted marcar su distancia o esté en desacuerdo, sino que ya le tiene miedo.
AMLO: No, esto lo han echado a andar, mira, todo esto empezó con el regreso de Salinas y, desgraciadamente se
fue acrecentando cuando se dio la alianza con Fox, Salinas-Fox.
Y un grupo de empresarios salinistas, Claudio X. González, que es más salinista que el innombrable, fue asesor
de Salinas, empezaron a meter miedo.
¿A quiénes se referían los dos?
Por lo pronto anoto: Claudio X. González integra el Consejo de Administración de Televisa y es presidente de
la fundación de esa empresa (también son parte del Consejo Fernando Senderos Mestre, empresario que integró
la campaña de financiamiento del PRI para la campaña presidencial de Salinas y Roberto Hernández Ramírez,
presidente del consejo de administración de Banamex). Pregunto: ¿desde dónde se infunde miedo, según López Obrador?
¿Será con aquellos videos de México en Paz que sólo se difundieron en aquel consorcio?
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Son insondables los vericuetos de la memoria o los que determinan el olvido. Pero en el caso de TV Azteca,
la explicación es fácil: en la defensa de sus intereses la empresa removió sus archivos y los disfrazó de
periodismo. Azteca recuerda al Fobaproa como no lo había hecho en siete años. Lo hace con varios programas insulsos en
marzo y abril para golpear a Hacienda porque la CNBV le impuso ocho sanciones por 27 millones de pesos por
las irregularidades financieras en las que incurrieron funcionarios de la televisora.
Luego vendría una increíble afirmación. El 26 de abril Azteca acusa de extorsión y abuso de autoridad al titular
de Hacienda quien, según los dichos del locutor Javier Alatorre, habría buscado impedir la emisión del programa
de Lilly Téllez sobre el Fobaproa. A la mañana siguiente, y dentro de la feroz disputa por los medios que
documento, López Obrador aprovecharía la ocasión para apoyar a la televisora; lo hace porque él ha sido muy crítico del Fobaproa y también para defender la libertad de expresión. Pero en realidad el entuerto es otra colusión de interés entre la política y los medios -entre la demagogia y el menosprecio a la ley-.
El miércoles los conductores de Azteca se ponen sus moños, literalmente, para rechazar la entonces
posible suspensión de los derechos políticos de López Obrador. Esa súbita convicción manda una señal de ruptura al
gobierno federal y de alineamiento con el tabasqueño. Sería un chantaje que, sin embargo, removería otros intereses, los
de Televisa. Al aludir al Fobaproa, uno de los nombres más mencionados por López Obrador y por Azteca es
Roberto Hernández Ramírez, que preside el consejo de administración de Banamex e integra el de Televisa.
Entre el martes y el miércoles 27 en las pantallas de Televisa se fraguaría otro guión, crítico del manejo
tendencioso de Azteca. Carlos Loret de Mola, Víctor Trujillo y Joaquín López-Dóriga dirían que no está bien usar un
medio concesionado para la defensa de los intereses particulares, como ha hecho TV Azteca y como si eso no lo
hiciera también la empresa de la que son empleados. El miércolesen la noche, López-Dóriga denunciaría amenazas
en contra suya y de sus compañeros por sus dichos. Luego, Televisa mandaría su propia señal al gobierno federal, a
TV Azteca y a López Obrador: López-Dóriga haría una entrevista obsequiosa a Santiago Creel, quien, en un
contexto mediático favorable, se ostentó como el artífice de la tregua entre el gobierno federal y López Obrador, expuesta
por Vicente Fox casi tres horas antes en cadena nacional.
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Es el mediodía del lunes 4 de abril en las oficinas de Chapultepec 18. Hace calor. Mucho. Atribulado,
Bernardo Gómez rodea la fuente, va a las escaleras y ahí se sienta. Tiene la boca seca, como llena de pólvora. Necesita
un trago pero su cava termoeléctrica de maderas preciosas está lejos, en casa. Con las manos colgadas al lado de
las piernas saluda a un reportera y le pregunta por sus hijas. Ella le recuerda que tiene sólo un niño. Él responde: ah,
y luego coloca las manos en la cara y agacha la cabeza. Y entonces dice duro lo que varios escuchan:
"Pobre de él, porque a este país se lo va a llevar la chingada."
Marco Levario Turcott