viernes 24 mayo 2024

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por etcétera

Hace 40 años, los gritos de aliento de la hinchada argentina en el estadio de River Plate retumbaban en el centro del horror de la dictadura, la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA). El estadio principal del Mundial de Argentina 1978 estaba a sólo diez calles del espacio donde unas 5.000 personas fueron detenidas, torturadas y desaparecidas entre 1976 y 1983. Aún con grilletes en los pies y signos de tormentos en el cuerpo, algunos de los secuestrados recuerdan que se alegraron por los goles y por unos minutos se sumaron a la euforia nacional. Otros aseguran que temieron que la victoria de la selección argentina alargase la vida del régimen militar. Hay quienes sienten angustia y se entristecen cada vez que se acerca un nuevo Mundial.

La ESMA daba a una de las avenidas principales de Buenos Aires, del Libertador, pero muy pocos sabían lo que ocurría en su interior. Durante el Mundial no cesaron los secuestros ni los interrogatorios bajo tortura, aunque los militares ordenaron instalar dos televisiones para ver los partidos: uno en el comedor del sótano, a metros de las salas en las que comenzaba la destrucción de los que habían sido chupados, y otro arriba, en la zona conocida como pecera. Algunos de los detenidos que realizaban trabajo esclavo fueron autorizados a ver fútbol.

“Grité los goles aunque era una contradicción”, admite Ricardo Coquet, quien estuvo secuestrado en la ESMA entre marzo de 1977 y diciembre de 1978. “Veíamos los partidos en el sótano. Recuerdo el partido contra Perú, donde había que ganar con muchos goles sí o sí. Ganamos, pero al salir del comedor pasamos de la euforia futbolera a ver a un compañero muerto en el pasillo”, cuenta Coquet a EL PAÍS en la exESMA, reconvertida hoy en Museo de la Memoria.

Los recuerdos de los supervivientes de la dictadura, de los familiares de desaparecidos y de los exiliados son el corazón de dos muestras simultáneas en Buenos Aires que narran la convivencia macabra de la fiesta y el horror durante la Copa del Mundo de 1978: Tiren papelitos, en el Parque de la Memoria y El Mundial en la ESMA, que cuenta in situ cómo se vivieron esos días.

Conscientes de la pasión de los argentinos por el fútbol, los militares dispusieron operativos fronterizos y en la entrada de los estadios. Dentro de ellos, usaron como cebo a varios detenidos de centros clandestinos. “Me llevaron a un partido en la cancha de Vélez y otro en la de River. Querían ver si alguien me conocía para secuestrarlo, pero por suerte nadie se me acercó”, recuerda Alfredo Anaya, otro de los supervivientes.

Las familias de los desaparecidos no cesaron de buscar a sus hijos y aprovecharon la presencia de periodistas extranjeros en el Mundial para dar a conocer lo que estaba pasando. El día del partido inaugural, un enviado especial de la televisión holandesa cambió el Monumental por la Plaza de Mayo, donde las Madres, como cada jueves, marchaban en ronda para exigir la aparición de sus desaparecidos. “Queremos saber dónde están nuestros hijos, vivos o muertos. Hay miles y miles de hogares sufriendo mucha angustia y desesperación. Ya no saben a quién recurrir. Les rogamos a ustedes, son nuestra última esperanza, ayúdennos”, dicen las Madres de Plaza de Mayo en ese desgarrador testimonio visual, que tuvo un enorme impacto fuera de Argentina.

Mientras el resto del país celebraba cada victoria de su Selección, las Madres las sufrían. Temían que una victoria fortaleciese a la dictadura e hiciese más difícil encontrar a sus hijos. “Recuerdo que mi familia estaba en casa, disfrutando del partido. Ellos lloraban de alegría, nosotros de tristeza”, cuenta la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, en uno de los vídeos de la muestra del Parque de la Memoria.

Más información: http://bit.ly/2KvNqbg

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