martes 28 mayo 2024

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por etcétera

Once directrices, 6 etapas, 45 programas. Esta numeralia ¿dice algo sustantivo del Plan de Reconstrucción de la Ciudad de México? Por supuesto que no, pero es una manera de ordenar las cosas.

Las directrices son los principios, los mandamientos, a lo largo de toda la reconstrucción. Las etapas definen la naturaleza del momento -semanas y meses- luego del sismo en la Ciudad de México en cada delegación, en cada colonia y cada predio; y los programas son las acciones concretas que se obliga a cumplir el propio Gobierno, el menú de ayuda que ofrece para víctimas, damnificados y afectados. No obstante ¿hay otra manera de explicarlo?

Si: el Programa para la Reconstrucción –presentado públicamente y entregado el viernes al doctor Mancera, Jefe de Gobierno- es un documento que trata de alejarse de dos posturas irracionales: la tecnocrática (no hay más que una opción, la mía) y la populista (no existe, en ninguna parte, ninguna restricción). Por el contrario: el Programa es un menú, un abanico de opciones para que los afectados puedan acceder a distintos tipos de ayuda y asistencia, en función de sus posibilidades y en función de la pérdida que sufrieron. Un programa que ante la limitación de recursos, procura dar más a quien más lo necesita, independientemente de la zona en la que vivan.

El Programa responde a tres evidencias del tamaño de una catedral: el daño provocado por el sismo es grande, aquí no hay una “zona cero” concentrada, sino que se extiende en una larga media luna, desde Tláhuac hasta la Gustavo A. Madero y un poco más allá. El sismo se ensañó con especial crudeza con las personas de la tercera edad; me atrevo a adelantar que cerca de la mitad de casas y departamentos destruidos son (eran) habitados por viejitos, lo que impone una severa coordenada a los tipos de ayuda que se deben instrumentar. Y finalmente: estas personas no viven confinadas en Iztapalapa o pasan la última etapa de su vida en las campiranas casonas de Tlalpan: están dispersas, lo mismo en Xochimilco que en la Condesa, en la Del Valle que en Lindavista. Si bien hay zonas especiales, muy afectadas, el problema fundamental es la gente, la nueva y ubicua pobreza urbana con nombre y apellido, presente en casi todas partes.

El programa no se cierra, sino que abre opciones, tratando de proponer salidas suficientes para cada etapa. ¿Ofrece todo a todos? Ojalá, pero no se puede. A cambio, ofrece recuperación de pertenencias rápidamente o la aceleración de la indemnización y el pago de seguros a los afectados por el sismo. Otorgar dictámenes de daños más rápidamente y que los planos de construcción –cuidados por el Archivo General- sean entregados con mucha mayor rapidez.

¿No habrá subsidio total, pago a fondo perdido? Claro que lo habrá, pero dependerá de las condiciones de cada afectado, especialmente en el caso de quienes habitaban una vivienda rural o de quienes poseían una vivienda precaria.

Más información: http://bit.ly/2r4xF2w

 

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