martes 05 marzo 2024

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por etcétera

Desde el 19 de septiembre de 2017 los morelenses quedaron marcados por la tragedia: 74 personas perdieron la vida en la entidad a causa del sismo que dañó el patrimonio de miles de personas, 41 escuelas se derrumbaron y otras 400 sufrieron daños estructurales severos. Y aun cuando el gobierno del perredista Graco Ramírez se ufana de que “Morelos está de pie”, la realidad es que muchos de los damnificados llevan 12 meses viviendo en carpas donadas por organismos nacionales y extranjeros.

JOJUTLA, Mor. (Proceso).- Un año después del sismo, el panorama sigue siendo desolador para los morelenses: la reconstrucción ha sido un fiasco, pues ha habido favoritismo en la entrega de viviendas. Hoy, innumerables familias pernoctan en las calles y en medio de los escombros, según observó el reportero en un recorrido por los municipios de Tetela del Volcán, Tepalcingo y Jojutla.

En este último, numerosas escuelas siguen maltrechas, como la primaria Juan Jacobo Rousseau, lo que obliga a los niños a tomar clases en el auditorio municipal de la comunidad de Panchimalco. Las autoridades arguyen que los trabajos no concluyen por falta de recursos.

Días después del sacudimiento telúrico comenzó la rapiña. El gobernador Graco Ramírez y su esposa, Elena Cepeda, intentaron acaparar en bodegas las despensas que otros ciudadanos y organizaciones solidarias enviaron a Morelos. Una nueva movilización de morelenses indignados lo impidió: rescató la ayuda humanitaria y acudió a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) para que la institución la distribuyera entre los afectados.

Desde el principio, como en 1985, la sociedad civil salió a las calles ante el pasmo de las autoridades. Fueron los ciudadanos de a pie los que comenzaron a remover los escombros y auxiliar a los damnificados, aun los que perdieron algún familiar o sus pertenencias

De las 41 escuelas demolidas, sólo una ha sido entregada por las autoridades: la primaria Tlahuilli, en el municipio de Axochiapan, al sureste de la entidad, según información consultada en el sitio web del Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa (Inifed).

Las demás se encuentran en proceso de rehabilitación o incluso de demolición; hay algunas aún en obra negra que ya han sido ocupadas por sus estudiantes. En el poblado de Xoxocotla, 412 alumnos reciben sus lecciones desde diciembre último en un “salón de fiestas” rentado donde la mitad del piso es de tierra. Ahí, en condiciones higiénicas precarias, en medio de las lluvias, concluyeron su ciclo escolar.

Y al iniciarse el actual ciclo, cuando los padres de familia llevaron a sus hijos al plantel, observaron que éste carecía de barda perimetral. Las aulas eran insuficientes, faltaban pupitres y bancos; tampoco había luz ni agua, pues la cisterna no funcionaba, comenta uno de los entrevistados.

La mayor parte de las 52 escuelas con daño severo o moderado se encuentran en Cuernavaca; de ellas sólo cinco fueron reparadas al ciento por ciento; en Ayala sólo cinco de las 38; en Cuautla, 12 de las 33, y en Jojutla, dos de las 22. De las 904 que tuvieron daños menores, sólo 101 están funcionando ya al ciento por ciento, de acuerdo con los reportes del Inifed.

Los eufemismos de Graco

Durante el recorrido del reportero por los municipios más afectados se observan algunas viviendas nuevas construidas con recursos privados; así lo indican rótulos en los cuales se consigna la proveniencia de los fondos de apoyo.

En cambio, miles de damnificados se albergan en las tiendas de campaña donadas por fundaciones de México, Israel, China y por organismos internacionales, como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en espera de recibir su nueva vivienda.

En los últimos 12 meses han tenido innumerables problemas: falta de ayuda, exclusión en los censos, robos, inseguridad y cambios climáticos. Todo eso contrasta con el discurso triunfalista del gobernador saliente, Graco Ramírez, quien no deja de repetir: “Jojutla está de pie, Morelos está de pie”.

Más información en: proceso.com

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