martes 28 mayo 2024

A 20 años de la invasión de Estados Unidos a Irak

por María Cristina Rosas

El 20 de marzo de 2003, Estados Unidos apoyado por algunos de sus aliados -de manera destacada España y el Reino Unido-, inició las hostilidades contra Irak sin contar con la autorización del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El fin de la guerra fue proclamado oficialmente el 31 de agosto de 2010 por parte del gobierno de Barack Obama y el retiro de los últimos soldados estadunidenses del atribulado país árabe se concretó en diciembre de 2011. 

El 1º de mayo de 2003, Estados Unidos y sus aliados afirmaron que habían conseguido la misión encomendada, esto es, derrocar al régimen de Saddam Hussein, tomando el control de Irak. Con todo, este objetivo, no fue la razón esgrimida originalmente para desarrollar las hostilidades contra Bagdad. En cualquier caso, el 13 de diciembre de ese mismo año, Saddam Hussein fue capturado por las tropas estadunidenses. Un año después, el 5 de noviembre de 2006, Saddam Hussein fue sentenciado a morir en la horca por haber perpetrado crímenes de lesa humanidad relacionados con el asesinato de 148 iraquíes chiitas en 1982. La ejecución se realizó el 30 de diciembre de ese año.

Para justificar la guerra contra Bagdad, Estados Unidos argumentó la existencia de una relación entre ese país y el terrorismo internacional. Asimismo, insistió en que el régimen de Saddam Hussein desarrollaba armas de destrucción en masa. Ninguno de esos argumentos probó ser cierto. Al igualar a Irak con la amenaza terrorista, Estados Unidos cometió un error estratégico dado que no definió prioridades y por ende distrajo recursos materiales y humanos que paradójicamente lo desgastaron generando vacíos de poder que fueron aprovechados por otros países y actores de la región y fuera de ésta. Los problemas de liderazgo que enfrenta hoy Washington en el mundo, se relacionan directamente con el deterioro de su posición internacional -y pérdida de autoridad moral- que se sumó a la incursión bélica en Afganistán desde 2001, la cual, es sabido, se extendió por 20 años y terminó con el regreso del talibán. Por cuanto hace a las supuestas armas de destrucción en masa en Irak, si bien el régimen de Saddam Hussein comenzó a desarrollarlas con antelación a la primera guerra del Golfo Pérsico de 1990-1991, la mayor parte de ellas fueron destruidas en el transcurso de la década de los 90.

¿Por qué entonces Estados Unidos optó por la confrontación contra Irak, desoyendo a importantes aliados y socios? ¿Por qué empleó argumentos tan endebles como la conexión al-Qaeda-terrorismo-Saddam Hussein más la supuesta posesión de parte de éste, de armas nucleares, químicas y biológicas? ¿Qué consecuencias tiene la guerra de Estados Unidos contra Irak, vista a 20 años de distancia tanto para la región de Medio Oriente como para el mundo? 

Las razones del inicio de las hostilidades de EEUU y sus aliados de la coalición contra Irak no se encuentran en las armas de destrucción en masa, como tampoco en una supuesta vinculación entre el régimen iraquí con el terrorismo internacional. Saddam Hussein se había convertido en un obstáculo para la estrategia que Estados Unidos impulsaba en el Medio Oriente y que tenía como prioridades, un Irak que fuese liderado por un gobierno “amistoso” y que pudiera fungir como una fuerza de estabilización ante vecinos potencialmente peligrosos, lo cual, se presume aportaría beneficios a Washington en su cruzada contra el terrorismo, el acceso a importantes suministros de hidrocarburos, el emplazamiento de bases militares para realizar operaciones en la región, la limitación de armamento, y la edificación de un entorno más seguro para Israel.

Estos objetivos, conforme a los cálculos formulados por Estados Unidos, comenzaron a cumplirse gracias al debilitamiento del régimen de Saddam Hussein, que se produjo a lo largo de la década de los años 90 del siglo pasado. Con un ejército sumamente vulnerable, y el desarme que hubo de efectuar tras la Guerra del Golfo Pérsico de 1990-1991, Saddam Hussein contaba con un poder militar mermado. Como resultado de las inspecciones de las Naciones Unidas, Irak fue ampliamente desarmado, como lo explica a detalle el diplomático sueco Hans Blix, quien presidió la Misión de Monitoreo, Verificación, a Inspección de las Naciones Unidas (UNMOVIC) en Irak.¹ A ello hay que sumar la precaria situación económica y social, emanada de las sanciones amplias que Naciones Unidas aplicó por espacio de 13 años contra Irak -a partir del 6 de agosto de 1990 y hasta el 22 de mayo de 2003-, si bien algunas persistieron en parte para pagar reparaciones de guerra a Kuwait. Adicionalmente, la fractura del “triángulo sunita” que por mucho tiempo fue la base fundamental de apoyo para el gobierno iraquí, sugiere que sólo era cuestión de tiempo, antes de que el régimen de Hussein se colapsara. Los intentos de asesinato contra el Presidente perpetrados por la tribu sunita de los al-Duris –aliados tradicionales de Hussein, y la insurrección de los al-Dulaymi a mediados de la década de los 90, dan cuenta de que el descontento no se limitaba a las comunidades kurdas y chiitas. El atentado que casi le cuesta la vida a Uday Hussein, hijo del Presidente, apuntaba a que los servicios de inteligencia estaban saliéndose del control de Saddam. De manera que la decisión de Washington de hacerle la guerra a Irak, ponderó todos estos elementos de debilidad del régimen de Hussein en una relación costo-beneficio, lo cual explica la celeridad con la que el país cayó en manos de las tropas estadunidenses y de la coalición en un tiempo récord de 43 días. Claro está que Estados Unidos no ponderó –ni estaba preparado- para actuar luego del colapso de la administración de Hussein, lo cual explica el creciente número de víctimas, estadunidenses e iraquíes, en los siguientes meses y años, y que supera, con mucho, el número de decesos producto de la guerra del 20 de marzo al 1º de mayo de 2003. 

La invasión de Irak produjo una crisis humanitaria de enorme envergadura. 8 300 soldados estadunidenses murieron en la contienda, en tanto, del lado iraquí fueron 50 mil las víctimas fatales. A ello hay que sumar la muerte de civiles inocentes o “víctimas colaterales” como las llamaba el gobierno de George W. Bush, que según información de la organización Body Count y otras estimaciones osciló entre 200 mil hasta, posiblemente, un millón.

La guerra de Estados Unidos contra Irak reviste una singular importancia en el momento actual, en momentos en que Rusia ataca a Ucrania, aunque por razones distintas a las esgrimidas por Washington en su cruzada contra Hussein. A continuación, una mirada a las consecuencias más importantes de la incursión bélica de Estados Unidos y un puñado de aliados, a 20 años de distancia.

Fuente: Banco Mundial.

Consecuencia 1.- El debilitamiento de Irak, quien solía ser un país que contenía a Irán, fortaleció al segundo, quien ha buscado un reposicionamiento en la región. La guerra también tuvo terribles resultados para las monarquías sunitas apoyadas por Estados Unidos en Medio Oriente, dado que amplió los márgenes de maniobra de los chiitas, quienes no sólo ascendieron al poder en Irak sino que ampliaron su influencia en toda la zona. Los sunitas, minoritarios en Irak, pero que habían gobernado al territorio desde la época del Imperio Otomano, al perder el poder, desarrollaron las hostilidades contra los chiitas, generando una sangrienta confrontación cuyas secuelas se mantienen al día de hoy.

Consecuencia 2.- En términos económicos, el producto interno bruto (PIB) de Irak ha experimentado caídas brutales tanto en 1991 como en 2003 y las recuperaciones vividas en años subsecuentes no alcanzan a compensar los estragos acumulados de la guerra contra Irán, en los años 80 del siglo pasado, la guerra del Golfo Pérsico de 1990-1991 -que generó una caída del PIB de – 64 por ciento- y, ciertamente, la invasión liderada por Estados Unidos en 2003. Un dato adicional es el impacto de la pandemia del SARSCoV2 en Irak, responsable de que hacia 2020, el PIB se desplomara en un – 11. 3 por ciento.

Consecuencia 3.- la guerra produjo el debilitamiento del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas como entidad responsable del mantenimiento de la paz y la seguridad internacional. Tras la negativa del Consejo de Seguridad de aprobar la resolución impulsada por Estados Unidos, Gran Bretaña y España y Bulgaria (estos dos últimos miembros electos en ese momento) frente a la abrumadora oposición de Francia, la República Popular China, Rusia (miembros permanentes), más Alemania, Siria y Angola (electos), sin dejar de lado que los dos latinoamericanos presentes (también electos), Chile y México, tampoco estaban dispuestos a dar su brazo a torcer, el Consejo de Seguridad vio reducida y mermada su capacidad de respuesta en crisis subsecuentes. Esto se aprecia, por ejemplo, en que los conflictos de alto perfil que se suscitaron tras la guerra de Estados Unidos contra Irak de 2003, han sido gestionados a partir de los intereses particulares de actores influyentes –i. e. Siria, por Rusia y la RP China. Otra consecuencia es que la generación de consensos entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad se ha tornado cada vez más difícil desde 2003. Desde entonces hasta hoy, EEUU ha interpuesto 10 vetos; Rusia lo ha hecho 29 veces de las cuales 14 han sido compartidas con la RP China. En este sentido, si bien Rusia es el campeón del uso del veto en el Consejo de Seguridad de la ONU en lo que va del siglo, la participación más activa de la RP China, su aliado estratégico como usuario recurrente del veto marca una fractura y división aparentemente irreconciliable en el órgano más importante de las Naciones Unidas. Hoy la RP China, en especial bajo el gobierno de Xi Jinping es más asertiva y, por lo tanto, más proclive al empleo de esta prerrogativa que en el siglo XX. Al menos Beijing tiene en su haber más vetos que Estados Unidos en estos momentos.

Consecuencia 4.- Daesh o bien el Estado Islámico de Irak y Levante (ISIS), surgido en 1999 de la mano de Abu Musab al-Zarqawi tuvo una intensa actividad insurgente en el Irak invadido en 2003 por Estados Unidos y sus aliados. Daesh, se proclamó aliado de al-Qaeda en ese contexto. Su desempeño en 2013 causó preocupación mundial al involucrarse en la guerra civil en Siria, además de extender su influencia en Irak en 2014, tomando la ciudad de Mosul. Para 2015, Daesh controlaba un área donde residían unos 10 millones de personas. Los ataques contra Daesh desarrollados por una coalición liderada por EEUU más los bombardeos de Rusia en Siria, mermaron considerablemente al organismo. Sin embargo, este cuenta con afiliados e influencia en países ubicados en otras partes del mundo con población donde se profesa el islam incluyendo el Cáucaso, centro de África, Asia oriental, etcétera. Así, las acciones de Estados Unidos y sus aliados en Irak, fortalecieron la insurgencia y el terrorismo en la región y en el mundo. Asimismo Irak actualmente ocupa la séptima posición en el top 10 de los países más golpeados por el terrorismo.

Índice de terrorismo global 2023

Fuente: Instituto para la Economía y la Paz.

* El índice de terrorismo global de integra por cuatro indicadores: incidentes, víctimas fatales, heridos y rehenes. Para medir el impacto del terrorismo se realiza una ponderación de cinco años.

Consecuencia 5.- El deterioro de la calidad de vida en Irak ha sido posiblemente la consecuencia más importante de los diversos conflictos armados que ha vivido el país desde la década de los años 80, si bien ese deterioro se vio exacerbado por las sanciones amplias decretadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que comenzaron el 6 de agosto de 1990. En aquellos tiempos, existía poca conciencia e interés en los efectos colaterales de las sanciones. Naciones Unidas contaba con pocas acciones precedentes en la materia -destacando los casos de Rodesia y Sudáfrica. La resolución 661 impuso restricciones económicas draconianas a Irak, prohibiendo el comercio del país con el mundo, excepto para la adquisición de medicinas e insumos humanitarios. Los impactos de esta medida llevaron a resoluciones subsecuentes para que Irak pudiera vender su petróleo en los mercados internacionales, por lo surgió el programa Petróleo por alimentos que fue motivo de controversia al propiciar corruptelas que llegaron a indiciar a Kojo Annan, hijo del Secretario General de la ONU Kofi Annan. Más allá del debate sobre los impactos de las sanciones en la población iraquí, mismos que han sido minimizados por Estados Unidos en contraste con las evidencias recogidas por organismos como el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR),² pareciera que la guerra catalizó el uso desmedido de sanciones dirigidas o inteligentes por parte de Estados Unidos contra “infractores” que quebrantan la paz y la seguridad internacionales. Esto es porque, de nuevo, el Consejo de Seguridad de la ONU, responsable de aplicar sanciones multilaterales, se vio fuertemente dañado por el debate acerca de los impactos que estas tuvieron contra civiles inocentes en Irak. En la medida en que la aplicación de sanciones en ese órgano depende de, sobre todo, el consenso entre sus miembros permanentes, la parálisis resultante ha llevado a Estados Unidos y a otros países a aplicar sanciones unilaterales de manera indiscriminada.

Consecuencia 6.- La incursión bélica de Estados Unidos en Irak generó millones de refugiados y desplazados forzados. Se calcula que muchos iraquíes salieron del país en medio de las hostilidades para buscar refugio en Siria, un país inmerso en una guerra civil. Asimismo, varios millones de iraquíes debieron trasladarse a otras partes del país al tornarse inviable el permanecer en sus hogares en medio de los combates. Así, se estima que unos 9. 2 millones de iraquíes son o refugiados o desplazados forzados. La guerra llevó a que profesionistas, médicos, artistas, académicos y en general capital humano altamente calificado abandonara el país, lo que compromete el desarrollo ulterior de la atribulada nación árabe. Tan sólo en el terreno médico, se sabw que la mitad de los profesionales de la salud abandonaron Irak ante el inicio de las hostilidades en 2003,³ llevando a una crisis sanitaria no sólo por el conflicto en sí, sino, a posteriori, de cara a la pandemia del SARSCoV2. 

Consecuencia 7.- Irak figura en la 121ª posición en los índices de desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) entre 191 países analizados. La pérdida de recursos humanos, muchos de los que salieron del país a la luz de la guerra de 2003, han pasado factura al bienestar social, educativo y laboral de los iraquíes. La violencia hace su parte en un país que entre 163 analizados en el índice de paz global ocupa la 157ª posición -en este índice, los primeros lugares los ocupan los países más pacíficos. Mención especial merece la destrucción y robo del patrimonio cultural del país, cuna de la cultura mesopotámica. Los invasores fueron responsables de un primer saqueo, en tanto las incursiones de Daesh hicieron lo propio abonando al memoricidio del país.

Índice de paz global 2022

Fuente: Instituto para la Economía y la Paz.

* El índice analiza a 163 países. Los países que figuran en las primeras posiciones son los más pacíficos, tanto en paz positiva como en paz negativa. Los que figuran en las posiciones 153 hasta la 163 son los menos pacíficos.

Consecuencia 8.- El kurdistán iraquí se benefició de la incursión occidental en Iraq. Desde 1991 se instituyó una zona de exclusión aérea para proteger el territorio, además de que los kurdos que ahí residen cuentan con sus propias fuerzas de seguridad. En la nueva Constitución de Irak se reconoce al territorio como Gobierno Regional Kurdo (GRK), cuya viabilidad reposa en los enormes yacimientos de hidrocarburos que posee. Con todo, el estatus obtenido por los kurdos iraquíes, alienta las presiones de los kurdos que se localizan en Irán, Turquía y Siria hacia sus respectivos gobiernos a efecto de lograr, eventualmente, el nacimiento del Estado kurdo. Ello generará más tensiones en la región.

Consecuencia 9.- El fracaso de la construcción de un Estado iraquí pro-Estados Unidos y pro-Occidental, ha permitido que otros actores, léase a RP China y Rusia, incrementen su influencia en Medio Oriente, acotando los márgenes de maniobra estadunidenses. La imposición de regímenes “democráticos” a la imagen y semejanza de EEUU ha generado rechazo y el fracaso en Irak debilita la retórica estadunidense. La crisis de la democracia liberal tiene en Irak, otra razón más para explicarla.

Consecuencia 10.- En seguimiento de lo anterior, es de destacar la creciente inestabilidad regional que se puede constatar en la guerra civil en Yemen, sobre todo a partir de 2014, cuando se produjo el golpe de Estado contra el presidente Abdrabbuh Mansur al-Hadi. La de Yemen es una suerte de guerra de proximidad o proxy entre Arabia Saudita e Irán, quienes intentan prevalecer en la zona apoyando, por parte de Arabia a al-Hadi, en tanto Irán hace lo propio con los hutíes. Arabia Saudita encabeza una coalición para enfrentar a los hutíes, aunque en el conflicto también se observa presencia de ISIS y al-Qaeda. Yemen vive una catástrofe humanitaria que se puede constatar en la magnitud de la destrucción de infraestructura, las víctimas fatales y heridos, más la presencia del terrorismo que constituye también un flagelo para la seguridad energética y marítima de Occidente por la creciente inestabilidad en el Golfo de Adén -a la que hay que sumar el Estado fallido de Somalia y el desarrollo de la piratería en la zona.

Estas son apenas algunas pinceladas de lo que la invasión de Estados Unidos a Irak generó en Medio Oriente y el mundo. A 20 años de distancia, sin embargo, y no obstante los costos directos e indirectos que tuvo el conflicto tan sólo para los contribuyentes estadunidenses -se estima que llegarán a 2. 8 trillones para 2050, sumando el precio de la invasión emanado no sólo de lo que erogó materialmente en los años del conflicto, sino también los gastos médicos de veteranos de guerra aquejados, entre otros males, por el síndrome del shock postraumático. Con este saldo en mente, las nuevas generaciones en Estados Unidos no están dispuestas a ir a la guerra.

A manera de corolario, a diferencia de la reacción de la comunidad internacional ante la “operación militar especial de Rusia” en Ucrania que ha generado una condena amplísima de parte de la comunidad internacional, con una avalancha de sanciones contra Rusia y la designación de Vladímir Putin como criminal de guerra por parte de la Corte Penal Internacional, las acciones bélicas empujadas por George W. Bush y su Vicepresidente Dick Cheney no han sido motivo de ningún juicio político ni impeachment alguno. Bush Jr., jamás fue llamado a rendir cuentas, como tampoco quien fuera su Vicepresidente. La impunidad ha sido la norma. Nadie sancionó a Estados Unidos por atacar a Irak, mucho menos cuando el propio George W. Bush reconoció, poco después de que la coalición tomó el control del país, que no había armas de destrucción en masa, como tampoco se corroboró que hubiera vínculos entre Saddam Hussein y al-Qaeda. Lo que es más: para justificar la invasión del país árabe, afirmó que ésta había valido la pena porque permitió deshacerse de un dictador. Con el tiempo, el subconsciente traicionó a Bush Jr.: el 19 de mayo de 2022, en ocasión de un discurso pronunciado a propósito de la invasión de Rusia a Ucrania, el ex mandatario estadunidense repudió la agresión de Vladímir Putin contra… ¡Irak! A los pocos segundos corrigió su error señalando que se refería a Ucrania. ¿Justicia poética? Es posible.


¹ Hans Blix (2004), Disarming Iraq, New York, Pantheon Books.

² International Committee of the Red Cross (14-12-1999), Iraq: 1989-1999, a decade of Sanctions, Geneva, disponible en https://www.icrc.org/en/doc/resources/documents/report/57jqap.htm 

³ Neta C. Crawford (March 2003), Blood and Treasure: United States Budgetary Costs and Human Costs of 20 Years of War in Iraq and Syria 2003-2023, Brown University, Costs of War project, disponible en https://watson.brown.edu/costsofwar/papers/2023/IraqSyria20

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