jueves 29 febrero 2024

Apropiación de lo público

por Pablo Majluf

Una de las principales ofertas del obradorismo era recuperar lo público. Se entendía con esto regresarle la rectoría económica al Estado frente a la ola de privatizaciones de los gobiernos “neoliberales y tecnocráticos”. Si el Estado se había adelgazado y los poderes fácticos se habían emancipado, era necesario revivir al poder central. 

Sin embargo, está sucediendo lo contrario en prácticamente todos los ámbitos de la vida pública. Lo que vemos no es una recuperación de lo público sino su apropiación por los sectores afines al obradorismo. Una privatización gatoparda. Un expolio camuflado, ejecutado por grupúsculos tan enquistados en el régimen que pasan como como agentes de lo público, cuando en realidad son camarillas exclusivas que se reparten el botín. 

Los nuevos libros de texto de la SEP, por ejemplo, se elaboraron mediante asambleas secretas, a puerta cerrada, sin consultar a expertos, ni a pedagogos, ni a padres de familia, ni siquiera al grueso del magisterio. Fueron confeccionados ilegalmente por un puñado de ideólogos al servicio de Palacio Nacional de forma autoritaria, subrepticia y antidemocrática. La información sobre su elaboración es ahora secreta. 

Lo mismo en energía, particularmente en la Comisión Federal de Electricidad, que está en manos del spook Manuel Bartlett, socio de López Obrador que, en connivencia con el sindicato, cancelan contratos, amedrentan empresarios, suspenden licitaciones y frenan licencias para revertir la transición energética y concentrar el mercado eléctrico. La rectoría no es de un Estado transexenal regulado sino de un conciliábulo usurpador del politburó obradorista.

Esta semana, mediante un acuerdo expedito, el presidente le regaló a la Marina el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México con todo y todo. Es una más de las actividades civiles –junto con puertos, aduanas y distribución de medicinas– que el gobierno ha obsequiado a los militares. Otra vez, no parece una privatización porque las Fuerzas Armadas son parte orgánica del Estado, pero esos cotos de poder ahora son discrecionales, ajenos a la naturaleza de la institución, carecen de regulación y de cualquier posibilidad de auscultación. Ahora están en manos privadas dentro del andamiaje estatal. 

Suman decenas de casos en todos los rubros: salud, medios públicos, ciencia, carreteras, ferrocarriles, banca de desarrollo. La lista de instituciones y programas del Estado que han sido expoliados y capturados es vasta: CNDH, INAI, Conacyt, CIDE, fideicomisos, órganos reguladores, programas sociales, etc. Si a esto uno añade la destrucción por incompetencia –como en el caso del sistema de distribución de medicinas–, y la depauperación por austeridad –como en el caso de la administración pública federal–, estamos frente al desvanecimiento de lo público. El caudillo y sus cuatreros se están apropiando del Estado.

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