miércoles 22 mayo 2024

Borola Tacuche de Burrón

por Marco Levario Turcott

De mi Diccionario de vedettes que estoy escribiendo.

Borola Tacuche de Burrón. Personaje ficticio. Jefa de La familia Burrón, creada por Gabriel Vargas Bernal en 1948 para una publicacion periódica que duró, ininterrumpidamente, hasta el 26 de agosto de 2006.

Borola proviene de una familia acaudalada. Desde niña hizo sufrir las de caín a su tutora, la millonaria Cristeta Tacuche, por su carácter resuelto y travieso que la condujo a indescriptibles peripecias aunque su amigo Regino Burrón, humilde y prudente, le pidiera sensatez. Entre aquellos contrastes infantiles surgió el amor. Poco después, Cristeta no se opuso al matrimonio a pesar de las diferencias sociales y la petición de muchos millonarios pretendientes de su sobrina a quien no ayudó económicamente porque el orgullo de Regino lo impidió.

No hay suficiente información en la historieta para cifrar tiempos y circunstancias en las que Borola se dedicó a “levantar la patita”, como ella dice al narrar sus peripecias, en teatros y cabarets, por lo que no sabemos a qué edad se dedicó a esa profesión además de haber sido albañil, luchadora, taquera, piloto, chofer y revolucionaria acompañada de su mosquetón, entre otras labores que emprendió para defender a su familia de la pobreza ya que en la peluquería de su esposoa a veces no se paraban ni las moscas. Borola y Regino concibieron dos hijos, Macuca y Regino “El Tejocote” y adoptaron a Foforito, hijo de Susano Cantarranas, novio de la Divina Chuy pepenador y borracho empedernido (la familia se completa con un pequeño perro llamado Wilson).

Borola Tacuche fue una vedette internacional, conocida como “Madame Borolé”, dueña de las piernas más famosas de la canica. Pero eso sucedió hace un chorro de años y, aunque la artista quiso reverdecer laureles, no pudo. Por ejemplo el 7 de febrero de 1997, cuando le pidió chamba a don Zotico Salpicón no lo obtuvo porque los tiempos habían cambiado y las encueratrices debían tener abundantes carnes y no estar flacas como Madame, para que el sexo feo tenga dónde pellizcar. El caso es que a la reina de las pistas cabareteras de antaño no le bastaba mover graciosamente las macizas ni cantar “El Cuchichí” -tan viejo como el Can Can- la melodía que la catapultó al éxito:

Haciendo así, Cuchichí,
Las chicas recorren las calles de París
Cantando el pegajoso estribillo
Del Cuchichí

Las exóticas con las que Borola debía competir como “La cuadrilona”, se protegían con calzones de aire sostenidos con hilo dental y, sobre todo, exhibían un busto apantallador y abundancia en la zona del aguayón. Qué importa el garbo de la flacucha, antes rodeada de admiradores y abrigos de mink además de estolas traíadas de tierras lejanas. Y lo intentó muchas veces, testaruda que fue, sin poder presentarse ni en el lugar más furris imaginable. Pero lo importante a pesar de todo es que esta vedette internacional no se quedó quieta y siempre enfrentó la vida con ímpetu y picardía, aunque su familia la desaprobará, porque en el fondo la admiró y quiso, y cómo no, si Borola Tacuche siempre enfrentó la canija miseria anteponiendo a su zotaco marido y a sus pirrimplines e incluso tuvo para inyectar ánimo a sus vecinos de la vecindad del Callejón del Cuajo número chorrocientos chochenta y chocho, en el Distrito Federal.

Ahora, Madame Borolé está para siempre en las marquesinas de los tiempos del cabaret que nunca más volverán.

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