sábado 24 febrero 2024

Cochinero guinda

por Rafael Hernández Estrada

Un nuevo cochinero morenista, con delitos graves que ameritan cárcel: la ilegal campaña anticipada de Claudia Sheinbaun recurre al desvío de recursos públicos y a la utilización indebida de los programas sociales del gobierno federal. Como ya ha ocurrido antes, el denunciante es de las propias filas del partido color sangre, no uno de los promotores del “golpe blando” o “defensor del régimen neoliberal” y de los “viejos privilegios” (para utilizar la verborrea oficialista), sino Marcelo Ebrard, integrante del gabinete de AMLO hasta hace un mes, y una de sus corcholatas designadas de a dedazo.

No es la primera vez que en Morena se observan las ilegales prácticas. Se utilizaron en las elecciones locales y en las intermedias de 2021 para favorecer a los candidatos oficiales. También fueron visibles en anteriores procesos internos de ese partido, cuando se eligió (o intentó elegir) a los dirigentes partidistas en 2019, 2020 y 2021. Carentes de fuerza y carisma propios, los prospectos de Morena en cada caso recurrieron a prácticas delincuenciales para simular las características que no poseen: porras y matracas, actos multitudinarios, propaganda invasiva, arrastre popular. Se trata de la manifestación de las ambiciones propias de los aspirantes, pero también de la vocación marrullera del partido, cuya línea dirigente se considera portadora de una voluntad popular que no puede ser limitada por ley alguna. 

En 2019 la denunciante fue Yeidkol Polevsky, quien ocupaba la presidencia en suplencia de dicho partido y pretendía acceder a un nuevo periodo. Se confrontó con la aplanadora en favor de Berta Luján y denunció directamente a Gabriel García, que era el coordinador nacional del ejército electoral de AMLO, por organizar los eventos de la campaña lujanista y por el acarreo masivo de beneficiarios para aplaudir a la que se autopromocionaba como la del visto bueno del Palacio Nacional. Finalmente, esa convocatoria fue anulada por fraude en el padrón de afiliados.

Porfirio Muñoz Ledo denunció en 2020 las mismas prácticas, a las que sumó el financiamiento ilícito por cientos de millones de pesos y la cargada oficialista en favor de Mario Delgado, además de la manipulación de encuestas para entronizarlo como dirigente formal de Morena con el VoBo del verdadero dueño del partido.

En 2022 fueron multitud de militantes de ese partido los que denunciaron el fraude en la elección de delegados al Congreso Nacional, convocado para el alargamiento del periodo de mandato de Delgado, y por la imposición antidemocrática de nuevos dirigentes en todos los estados de la República. Encabezados por John Ackerman (recién expulsado del Olimpo obradorista) y agrupados en la Convención Morenista, los inconformes armaron una Expo-Fraude (fusilándose el nombre de la exhibición que en 1991 montamos contra el fraude electoral) e interpusieron centenares de impugnaciones para denunciar el acarreo, compra y coacción de votos, mapacheo, intimidación, control de las casillas por los servidores de la nación, etc.

Ahora, es Marcelo Ebrard el de las denuncias. Acusó el 16 de agosto a Ariadna Montiel, titular de la Secretaría del Bienestar, por utilizar la estructura de servidores de la nación en la promoción de Claudia Sheinbaun. Dos días después, diputados federales de Morena en Guanajuato, Aguascalientes, Estado de México, Puebla y Baja California respaldaron la denuncia y anunciaron que la presentarán ante la Fiscalía Especializada para Delitos Electorales, el INE y el Tribunal Electoral.

El mismo día, Ebrard afirmó que “No es un juego, es una cosa seria” y anunció la entrega de 28 carpetas a la dirigencia de su partido, con las respectivas denuncias (luego se aclararía que fueron entregadas al gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, en su carácter de presidente del Consejo Nacional). 

Algunos hemos denunciado que el clientelismo electoral de la 4T es una estrategia ilícita, violatoria de la Constitución y de la democracia, empleada por el grupo en el poder como arma para hacer fraude contra la oposición. La misma arma (que tiene a los mal llamados servidores de la nación de AMLO como protagonistas) se ha usado para la imposición de dirigentes de partido y se empleará para destapar a la corcholata favorita, tal y como se ve y se nota por boca de los propios militantes de Morena,

Cincelada: Xóchitl Gálvez ganará con votos la coordinación del Frente Amplio por México. Además de legitimación, obtendrá con ello un bono de alto contraste frente al dedazo presidencial.

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