lunes 27 mayo 2024

El compló y las mentiras: nueva temporada del ganso rengo

por Óscar Constantino Gutierrez

“Una mano tendida sujetó mi brazo en el instante en que, desmayado, me precipitaba al abismo. Era la del general Lasalle. El ejército francés acababa de entrar en Toledo. La Inquisición estaba en poder de sus enemigos.”

Edgar Allan Poe. El pozo y el péndulo.

A López Obrador no lo acusaban de complotista porque nadie se lo tomaba en serio. Si Ricardo Anaya o Meade se la pasaran tuiteando como lo hacía López en el sexenio pasado, la ira y victimismo del actual presidente serían mayores que las actuales, aunque parezca imposible que el coraje del tabasqueño pudiera ser peor.

Epigmenio Ibarra publica una foto de dos personas en una reunión, al parecer Claudio X. González y Jorge Álvarez Máynez, para sugerir que Movimiento Ciudadano está coludido con La Mafia del Poder™, Elizabeth García Vilchis señala al sitio Sopitas por tener publicaciones pagadas por Iberdrola y el dúo conformado por Citlalli Hernández y Mario Delgado promueven el asedio de los que votaron en contra de la iniciativa eléctrica del presidente López Obrador. El denominador común es el linchamiento de los opositores.

Y es que hay mucho ardor en Palacio Nacional. El doble fracaso presidencial, en la revocación del mandato y la iniciativa constitucional eléctrica, ha causado ira en López y sus huestes, no solo las de primera división, sino hasta en los niveles más ínfimos de las obradorósfera. Por ejemplo, las cuentas basura de la 4T, las mismas que fueron suspendidas de Twitter y por las que Andrés Manuel hizo berrinche, reaccionan con furia ante cualquier sátira, cuando lo suyo era el meterse en todo, criticar a todos y tener la mano muy pesada: hoy son como Neymar, se revuelcan ante el más mínimo toque y responden irritadas, iracundas, se les acabó el humor chingaquedito que ostentaban. No es lo mismo ser payaso que patiño.

Aunque el presidente se declare “feliz” con sus dos fracasos, lo cierto es que, como en canción de Emmanuel, hasta su aliento ya le sabe a hiel (le sabe a hiel) y ya amenazó con cárcel a las empresas que reciben electricidad autogenerada. De ese tamaño es la furia: el gobierno que siempre quiere hacer trampa, al no poder cambiar las reglas del juego, abusará de las que ya tenía.  Y todo el discurso oficialista es mentiroso: solo en la mente de un prepotente idiota puede ser “traidor a la patria” el que no está de acuerdo con las ocurrencias del gobierno.

¿Podíamos esperar otra cosa? Este presidente es el mismo político que durante 18 años jamás reconoció una derrota: López Obrador no sabe perder y, cuando no se tiene el poder, eso es materia de risa, pero, cuando el loser detenta un cargo público, la situación carece de gracia, porque hará cumplir sus caprichos pasando por encima de la ley, los derechos y libertades. Si no se pudo que la CFE monopolizara el tema eléctrico “por la buena” de cambiar la Constitución, ahora será “por la mala” de usar leyes inconstitucionales y medios de dudosa legitimidad jurídica. 

En suma, los amagos y amenazas han crecido y no hay señales de que esta tendencia vaya a aminorarse.

El sexenio ya se murió, pero el ganso rengo seguirá jodiendo, hasta el último estertor de su gobierno: congelación de cuentas, multas idiotas propuestas por Pablo Gómez, decisiones espurias de la Suprema Corte, carpetas de investigación contra empresarios y acoso del SAT son apenas la primera tanda de misiles con los que el ocupante de Palacio Nacional atacará a los supuestos complotistas de su proyecto de Nación. 

El problema principal de López Obrador es que se cree sus propias mentiras: no hay proyecto factible de Nación sin mayorías que lo avalen. El señor puso sobre papel, por su extrema necedad, que los 30 millones de 2018 ahora son 15, no tiene mayoría calificada en el Congreso y su captura de la Corte Suprema pende de un hilo, sobre todo porque la presidencia servil de Záldivar tiene fecha de caducidad. López se quiere creer el bienamado, se parece bastante al alcalde Odorico Paraguaçu en, no solo en lo corrupto y demagogo, sino en su obsesión por las obras que marquen su legado, sus artimañas maquiavélicas para imponerse contra cualquier ley y razón… y su profunda ineptitud para lograr sus metas: se siente Cerebro, pero en realidad es Pinky. 

Pero no debe olvidarse que su incompetencia no lo amilana de molestar a la gente. A diferencia del protagonista de El pozo y el péndulo, no hay brazo del general Lasalle que nos rescate del abismo, ni hay esperanza de que, en breve, la Inquisición quede en poder de sus enemigos. Habrá que esperar a 2024 para librarnos de la molestia interferencia de un gobierno rencoroso, mitómano, paranoico, dañero e inservible. Lo peor del ganso rengo está por venir. 

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