sábado 02 marzo 2024

Los consejeros y la derrota del veneno

por Julián Andrade

Quizá el logro más relevante con la designación de los consejeros del INE haya sido la de detener, por ahora, los intentos de destruir al árbitro electoral por dentro.

Ese era el propósito de quienes, –como John Ackerman, los legisladores del PT y los morenistas que obtuvieron sus candidaturas en tómbolas–, no les importa ni les ha importado la democracia, más allá de una coartada narrativa para esparcir veneno. Son los promotores de la restauración del antiguo régimen, con su partido dominante y su presidente infalible.

Y son algo peor, ignorantes de la política, de su utilidad para apuntalar proyectos, conjuntar voluntades y establecer un suelo mínimo que propicie el debate informado y plural.

El Comité Técnico de selección, en el que participaron Diego Valadés, Silvia Giorguli, Blanca Heredia, Sara Lovera y José Roldán, hizo un trabajo que dota de legitimidad, en cuanto a conocimientos, trayectoria y preparación a quienes integraron las quintetas y el voto mayoritario de los diputados les dio un amplio respaldo político a los cuatro que al final resultaron elegidos.

Como en toda decisión que requiere de acuerdos con quien piensa distinto, aspirantes con una gran trayectoria se quedaron en el camino, pero quienes llegan seguramente se desempeñarán del modo adecuado.

Norma Irene de la Cruz, Carla Humphrey, José Martín Faz y Uuc-Kib Espadas cuentan con las credenciales adecuadas y los respalda su propio trabajo.

¿Qué en Morena hubo vetos? Pues sí, son la fuerza mayoritaria, pero se abstuvieron de violentar la legalidad y a la propia Constitución, como pretendían los sectores más radicales de ese partido, respaldados por quienes los apoyan desde la administración pública.

Pero lo que ocurrió en la Cámara Diputados, contra los más diversos pronósticos, es un triunfo democrático y en un momento cargado de zozobras y amenazas a las instituciones.

Hay que destacar el papel de la sociedad civil, más aguerrido que el de la menguada oposición, la que todavía no encuentra un lugar ante el panorama que ahora impera.

Sospecho que sin la participación de agrupaciones, académicos, ciudadanos y expertos, otro gallo hubiera cantado. Lo celebro pero sigue preocupando el extravío, con contadas excepciones, de quienes debieran ser las voces principales en contra de las arbitrariedades cotidianas de la 4T.

Por lo pronto, se pone un dique a las descalificaciones, a las profecías y a los cuentos en contra del INE y esto servirá en el 2021, más allá de cuáles sean las preferencias de los ciudadanos al acudir a las urnas.

Pero más nos vale no olvidar que a la democracia hay que protegerla día con día, y que en ello no hay meta sino una camino continuo y muchas veces cargado de obstáculos.

Quienes están en el poder no son demócratas o lo son de conveniencia u ocasión y ello también implicará múltiples desafíos, donde la integración del INE es solo uno de ellos.

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