miércoles 28 febrero 2024

¿Contra la obesidad o contra la industria?

por José Yuste

La diputada oaxaqueña, autora de la ley que prohíbe regalar o comprar alimentos y bebidas procesadas, puso un mensaje desconcertante. Magaly López Domínguez, de Morena, escribió en su cuenta de Twitter, que ahora, los dulces, botanas y comida oaxaqueña será consumida por los menores de edad. La diputada pasa por alto que los deliciosos dulces y comida oaxaqueña (y vaya que es rica), también pueden estar excedida en azúcar, grasas o sodio. Y, que por muy tradicionales y hechos por artesanos que sean, en exceso, también generan obesidad y diabetes.

Entonces, ¿la cruzada prohibicionista, es por una buena nutrición o contra la empresa privada que ellos consideran mala y comercial y que debe desaparecer?

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PANES, CHICHARRONES, BOLIS, NIEVES… ¿NO ENGORDAN?

La diputada Magaly López escribió: “Los dulces regionales, los panes, el tejate, la tlayuda, los chicharrones que elabora la señora de la esquina, los bolis, las nieves o cualquier otro producto que no sea empaquetado e industrializado, no aparece en la Norma Oficial, por lo tanto, su venta a menores de edad no se prohíbe en Oaxaca”.

Estoy convencido que todo lo que dijo la legisladora es una comida riquísima, pero engordadora si se come en exceso. No es la solución para enfrentar la epidemia de obesidad y diabetes, por muy tradicional que sea el dulce y aunque sea elaborado por el señor de la esquina.

Para mejorar la alimentación de los niños es mucho mejor enseñarlos a medir calorías y comer bien, así como el conseguirles sustitutos de productos empaquetados. Que la población pueda elegir.

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EL CASO DEL REFRESCO

Por ejemplo, el refresco se hizo de gran consumo per cápita en México porque hasta los pueblos más alejados, llegaba el camión repartidor de refrescos, y el agua no era potable. Por lo tanto, consumían refresco: no se enfermaban y les daba calorías. El resultado, el consumo en exceso creó obesidad.

Si queremos una política de nutrición, debemos, darle a la población la posibilidad de contar con productos sustitutos a los alimentos y bebidas procesadas, que pueda hacer deporte en instalaciones o parques públicos (que no tenemos) y campañas de concientización de cómo alimentarse mejor.

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EL NUEVO ETIQUETADO SÍ FUE UN AVANCE

Un avance es el nuevo etiquetado en alimentos. Brinda información clara a los consumidores. Y puede provocar que la empresa de productos procesados, los reformule con menos grasas, azúcares y sodio, para dejar de tener esos espantosos octágonos negros. Ahí sí se está empoderando al consumidor: se le brinda información clara, y él sabrá decidir.

Pero prohibir los productos de las empresas privadas (comerciales) es más un tema ideológico que práctico. En primer lugar porque nadie lo va a cumplir (¿quién va a vigilar que un adulto en sus casas regale un dulce o chocolate a un niño?). En segundo lugar porque consumir alimentos tradicionales, por muy ricos que sean y producidos por artesanos locales, serán igual de engordadores. La línea prohibicionista no va a ser la solución.


Este artículo fue publicado en Excélsior el 12 de agosto de 2020, agradecemos a José Yuste su autorización para publicarlo en nuestra página.

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