viernes 24 mayo 2024

El nuevo plan anticorrupción

por José Antonio Crespo

López Obrador varias veces ha dicho que ya no hay corrupción, según prometió, pero cualquiera con un mínimo de realismo sabe que en eso prácticamente no se avanzó. Incluso las encuestas que le dan una gran aceptación al presidente, al preguntar si creen que sigue habiendo corrupción en este gobierno, más de la mitad dice que sí. Y el indicador de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional (donde el 10 es cero corrupción), sigue un poco arriba de 3, que ha sido el promedio desde que se inició esa medición. Es decir, los mexicanos en su mayoría consideran que no hubo un cambio significativo en este rubro respecto de los gobiernos neoliberales, aunque Amlo diga constantemente lo contrario (una más de sus múltiples mentiras).

Desde luego, ese tema desde siempre se ha ofrecido por los distintos presidentes y a la hora de la verdad no se hace gran cosa. Recordemos la “Renovación Moral” de Miguel de la Madrid, o “lingotes de oro en lugar de cacahuates” de Vicente Fox, y no cambiaron las cosas en lo esencial. Amlo ofreció que la corrupción no sólo disminuiría, sino que quedaría totalmente “erradicada” (es decir, cero corrupción) durante su gobierno, “barriendo las escaleras de  arriba a abajo”. Pero no ocurrió.

Y no debiera sorprender, pues había dos motivos claves para dudar que lo haría: A) Los métodos propuestos para ellos estaban basados en fantasías (como muchos otros), como esa idea de que si el Ejecutivo era honesto, sus colaboradores hacia debajo de la pirámide gubernamental también lo serían. Era evidente que así no ocurren las cosas; puede haber un presidente honesto y abajo de él, en distintos niveles, incurrirse en distintos tipos de corrupción. También mencionó algunas cosas más realistas, como el que en escándalos de corrupción no bastaba con penalizar a algunos chivos expiatorios de bajo nivel jerárquico, y criticaba al PRI y al PAN por no ir hasta arriba de la cadena. Pero al mismo tiempo ofreció un Pacto de Impunidad a Peña Nieto desde 2016, que contravenía su idea de que había que llegar hasta arriba. Peña aceptó la oferta al ver que su candidato no subiría, y Amlo, en esto sí, ha cumplido cabalmente.

Pero había otra razón para dudar de que la corrupción se combatiría debidamente, y que veríamos el fin de la impunidad, que es el escudo de aquella. Amlo no es una persona honesta, y así lo veíamos muchos desde hace tiempo. Al igual que Delfina Gómez en su alcaldía, Amlo en la capital cobraba moches a los empleados. Y bastaba con preguntar de qué vivió desde 2006, sin un trabajo formal; la respuesta obvia era, de recursos públicos de sus súbditos en distintos cargos, de dinero de aliados empresarios y – ya no se descarta – de recursos de algún (o algunos) cárteles. Eso, sin declarar nada ni pagar impuestos.

Desde siempre mandó el mensaje de que ser austero equivalía a ser honesto, y mucha gente lo creyó (Tsuru, departamento en Copilco, etc). Pero no, se puede ser (o aparentar) ser austero, y ser un completo corrupto. Y justo llegando a la presidencia, ya vimos que tan austero era en realidad, viviendo como monarca en Palacio Nacional con elevadísimos costos de manutención.

Así, aunque fuera cierto que un Ejecutivo honesto transmite su honestidad hacia abajo, eso no hubiera aplicado de cualquier manera porque este Ejecutivo está lejos, muy lejos, de haber sido honesto. ¿Qué tan ingenuo se puede ser para pensar que Ignacio Ovalle no orquestó el fraude de Segalmex? ¿Y qué tanto se requiere para creer que Ovalle lo hizo sin el conocimiento y el visto bueno de su jefe?

El proyecto contra la corrupción de Claudia Sheinbaum, de entrada es un reconocimiento implícito de que esa promesa de Amlo simplemente no se cumplió. Y tiene elementos realistas, pero también otros fantasiosos, como pensar que la corrupción sólo puede contenerse con funcionarios honestos. Sí hay de esos, pero muchos no lo son ni lo serán. Lo que debe prevalecer es la penalización sistemática y universal de la corrupción, sin sesgos partidistas ni utilización política de la ley. Justo lo que contrario de lo que hizo Amlo en este gobierno.

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