jueves 29 febrero 2024

El problema de la pobreza es político

por Ricardo Becerra Laguna

Hace ya once años, el desaparecido Guillermo O’Donell se desesperaba al mirar nuestros datos de pobreza: “La situación social de América Latina es un escándalo” señalaba, y no era para menos.

En 1980 el 38 por ciento de los latinoamericanos vivía en condiciones de miseria. 

En 1990, después del via crucis que significó el ajuste económico, eran ya el 46 por ciento.    

En el año 2000 (siempre datos de CEPAL), la cantidad de miserables rondaba los 224 millones de personas, es decir, unos 43.9 por ciento del total. 

En 2022 la tasa de pobreza de América Latina se ubicaba en un notable 32.1 por ciento de la población total, mientras que la tasa de pobreza extrema es de 13.1 por ciento (porcentaje que equivale a 283 millones de personas). Estas cifras implican que 15 millones de personas adicionales estarán en la pobreza con respecto a la situación previa a la pandemia y que el número de personas en pobreza extrema será 12 millones más alto que el registrado en 2019. Un escándalo social.

Luego de 40 años de que estallara la crisis de la deuda, luego de cuatro décadas de recambio del modelo económico, América Latina no ha logrado regresar a los niveles de pobreza e indigencia que tenía antes de 1982. 

En sentido estricto, un continente humano sin servicios esenciales y sin ingreso suficiente, sin educación y sin empleo, sin oportunidades y sin capacidades para salir de su condición precaria y lastimosa.

Y el récord sigue siendo peor para México, pues nuestro país aporta 65 millones de personas en esa condición. En otras palabras: México pone el 23 por ciento de los pobres y pobres extremos de toda América Latina.

Calcula la CEPAL, en su Panorama Económico de 2022, que es necesario un crecimiento promedio de seis por ciento al año para que en el 2030 podamos recuperar los números sociales que teníamos ¡en 1980! Quiere decir que, a ese paso, nos iremos otra década más ¡para estar en la posición de 50 años antes! (¿hay alguien que dude que esta condición de estancamiento es el caldo de cultivo del resentimiento, la indignación, la desesperanza, es decir, de la demanda por populsmo?).   

Mientras las elites políticas y los millonarios mexicanos han tenido instrumentos para preservar y aumentar la tajada de riqueza nacional, los pobres no los han encontrado: ni políticas públicas, salarios en ascenso, reforma fiscal, organizaciones sociales ni partidos políticos fuertemente comprometidos con la redistribución. 

Todo eso me vino a la mente con la lectura del libro de Daron Acemoglu y Simon Johnson, Power and progress 2023. Cito: “La mayoría de las personas en todo el mundo hoy en día están mejor que nuestros antepasados porque los ciudadanos y trabajadores de las primeras sociedades industriales se organizaron, desafiaron las opciones dominadas por la élite sobre tecnología y condiciones de trabajo, y forzaron formas de compartir las ganancias de las mejoras técnicas de manera más equitativa”. 

Y agregan “Solo puede surgir una nueva visión más inclusiva de la tecnología si cambia la base del poder social”, es decir, la pobreza es un problema de relación de fuerzas, es un problema político.  

Es “la negociación histórica de la socialdemocracia”, rematan. ¿Existe en México? No lo sé de cierto, pero mientras no la tengamos, la pobreza crecerá, acompañando y amenazando a todo lo demás.   

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