miércoles 24 abril 2024

El proceso interno del Frente Amplio

por José Antonio Crespo

El método para seleccionar a quien eventualmente será el candidato presidencial del Frente Amplio por México (FAM) fue negociado entre los tres partidos que lo componen y varias organizaciones que son parte de la sociedad civil organizada. Algunas de éstas propusieron desde el principio incorporar alguna forma de participación directa de los ciudadanos en la selección del abanderado opositor.

Hubo desde el principio reticencia de los partidos, unos más que otros, pues desconfiaban de ese procedimiento por diversas razones (algunas atendibles). Recelaban de que miembros del oficialismo pudieran entrar para distorsionar el proceso, pero también contaba, seguramente, que las militancias de los partidos coaligados son muy distintas; el PRI lleva en ello gran ventaja y podría hacerla valer durante ese ejercicio).

La respuesta de quienes esto proponía es que ya hay plataformas muy blindadas, con métodos para filtrar lo suficiente a quienes deseen meter “mano negra”, si bien el riesgo de un sesgo pro-priísta persiste. Finalmente, los partidos terminaron aceptando ese método, pues el saldo político puede ser muy positivo para la contienda presidencial; el candidato opositor no habrá sido producto de un dedazo, de un acuerdo cupular y ni siquiera de una primaria interna entre puros militantes.

Será resultado también de la preferencia de ciudadanos no partidistas, a través de una consulta directa a través de urnas físicas, en algunos casos, o bien por vía digital (incluyendo entre quienes quieran participar desde el extranjero). Eso contabilizará 50 % y el restante surgirá de encuestas a toda la población. El contraste con el método de Morena puede ser avasallador.

Por otro lado, no considero que necesariamente los priístas busquen hacer ganar a uno de los suyos, aunque esa sería la lógica normal (destacan Enrique de la Madrid y Beatriz Paredes). Si tanto militantes como simpatizantes del PRI perciben que no son ellos los que podrían desafiar seriamente a Morena (a partir de las encuestas que se vayan divulgando), sino que es por ejemplo Xóchitl Gálvez quien más podría hacerlo (según parece ser la percepción mayoritaria), no sería raro que los priístas votaran por ella pese a no ser priísta bajo un cálculo estrictamente pragmático; ¿qué valdría más, un candidato opositor priísta que tenga pocas probabilidades de triunfo, en cuyo caso el PRI no ganará nada, o bien apostar por un abanderado que tenga buenas probabilidades de derrotar a Morena, aunque no sea priísta?

En el segundo caso, el PRI al menos podrá ser parte de un gobierno de coalición, y con ello recobrar fuerza además de formar parte en algún grado del nuevo gabinete presidencial. Sólo que las encuestas marcaran que algún candidato priísta tiene también posibilidad de vencer a Morena, valdría la pena para los priístas apostar por él en la consulta interna.

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