lunes 22 abril 2024

La simulación y el cinismo

por Luis Antonio García Chávez

Hace algún tiempo escribía que tenemos una de las legislaciones electorales más sobre reguladas del mundo. Dicha regulación excesiva surge de la desconfianza enorme que tenemos los mexicanos en nuestras instituciones, en este caso las electorales, pero lleva aparejado un problema mayúsculo. Ante leyes excesivas, en muchos casos ilógicas e incluso incumplibles, se da una violación de la ley por casi todos los actores políticos en mayor o menor medida y entonces se desarrolla un pacto de impunidad, me explico.

1. La ley no se puede cumplir.

2. Al no poderse cumplir todos la violan.

3. Al ser violada por todos, nadie cuestiona a los otros, o en todo caso el cuestionamiento carece de fuerza.

Como parte de esta sobre regulación un elemento que siempre me ha parecido innecesario, al final nunca respetado y por tanto que lleva a una violación sistemática de la ley es el tema de los tiempos electorales, las precampañas, intercampañas y campañas.

Es un elemento legal que todos los actores, de todos los partidos políticos, violan.

Así, como no pueden hacer campaña salvo en los tiempos establecidos, vemos que hacen informes de actividades, organizan posadas, días de las madres, kermeses, días del niño, presentaciones de libros, “entrevistas” pactadas en revistas y todas aquellas cuestiones que les permitan publicitar su imagen en la frontera de la violación de la ley.

Entonces nadie respeta los tiempos de campaña. Todos los violentan y la autoridad electoral no hace nada, porque de hacerlo, probablemente no habría candidatos para la próxima elección.

Caso paradigmático es el período que acabamos de comenzar conocido como intercampañas.

Aquí es bueno decir que este periodo se precede de las llamadas precampañas, donde se supone que la intención es abrir una competencia interna en los partidos políticos para que definan a sus candidatos. Sin embargo, en la mayoría de los casos resulta imposible limitar la propaganda sólo a los militantes de los partidos a los que va dirigida (aunque por formalismo los obliguen a tener una leyenda que así lo diga) y se convierten en precampañas abiertas hacia la ciudadanía.

Pero no solo ello, en muchísimos casos no hay precampañas como tales ya que hay precandidatos únicos o simples precandidatos de relleno pero donde todos ya saben por adelantado quien será el ungido. Así que se pierde por completo el objetivo real de convencer a los militantes de quien deba ser su candidato a algún cargo de elección popular. En la vía de los hechos son campañas anticipadas, a la vista de todos, sin el menor disimulo.

Éstas en teoría debieran ser sancionadas por la ley, pero no ocurre porque, insisto, es un mal generalizado. Son mínimos los casos donde las precampañas son reales y aún en ellas no se dirigen a militantes sino aprovechan para impactar al electorado en su conjunto.

Entonces, retomando, comienzan ahora las intercampañas. Período extraño donde ya hay candidatos, saben que habrá contienda, pero no pueden hacer campaña.

¿Por qué? No tengo la menor idea, jamás lo he entendido. No veo que sirva de algo que, del 12 de febrero al 29 de marzo en este caso, quienes ya son candidatos para la elección que se aproxima no puedan hacer proselitismo. La ley les obliga a no pedir el voto, pero pueden dar entrevistas y acudir a espacios informativos.

Ya todos sabemos que son candidatos y quieren que votemos por ellos, pero no nos lo pueden decir. La cultura de la simulación. Un candidato se para ante los medios o en reuniones públicas y nos dice lo que ve mal en “x” lugar y lo que cree que se deba hacer para corregirlo. Sabemos que nos lo dice porque quiere persuadirnos de que, llegado el momento, votemos por él, pero no nos lo puede decir. El hace como que no nos está pidiendo el voto y nosotros hacemos como que le creemos. Cultura de la hipocresía.

Ante ello, el día de ayer Claudia Sheinbaum aprovechó esto como un pretexto para no acudir a un debate al que fue convocada por Joaquín López-Dóriga y acudieron ella y Andrés Manuel a preguntar a la autoridad electoral qué es lo que pueden y qué es lo que no pueden hacer en el período de intercampañas porque les preocupa violar la ley.

¡Habrase visto tal cinismo!

Pareciera una pregunta normal y hasta correcta, siempre y cuando se tratara de candidatos comprometidos con la ley y con su respeto pero, de verdad, ¿alguien que esto lea puede dudar que Claudia Sheinbaum lleva mucho más tiempo en campaña del que la ley le permite?

Todos recordamos las múltiples entrevistas, debates y eventos a los que acudían ella, Ricardo Monreal y Martí Batres para buscar ser “Coordinadores de Organización de MORENA en la Ciudad de México”. ¿De verdad alguien duda que eso era una campaña, abierta pública y a la vista de todos?, ¿alguien dudó que al ser electa, antes de los tiempos oficiales, como coordinadora de organización Claudia en realidad había sido electa candidata?

Es un cinismo tremendo que ahora sí le preocupe apegarse a los tiempos legales y no violar la ley. De verdad no me parece que pueda tomarse como algo distinto a una burla.

Y el caso de López Obrador, bueno, ese ya es un escupitajo en la cara de la autoridad electoral.

Desde su desafuero hasta el día de hoy, AMLO ha estado en una campaña ininterrumpida por la Presidencia de la República. En 2006 fue candidato presidencial. En 2009, ante un primer distanciamiento con el PRD apareció en todos los anuncios publicitarios del PT y entonces Convergencia, sin ser candidato a nada era el rostro que aparecía en cada municipio, distrito local o federal acompañando a los candidatos reales, promocionándose con recursos públicos con el mayor descaro.

Todos esos años recorrió el país en una gira de campaña ininterrumpida con cargo al erario público. En 2012 volvió a ser candidato presidencial, de manera oficial.

Al terminar aquella elección construyó un Partido Político con la única finalidad de garantizar su candidatura en 2018. ¿Alguien dudaba en MORENA que AMLO sería su candidato presidencial en esta elección? Como diría Álvaro Delgado, ¡qué nervios!, jamás habríamos imaginado que sería Andrés Manuel. Siguió su gira de campaña permanente en todo el país.

Ya con el registro de MORENA usó hasta hace muy poco todos los spots y tiempos oficiales del partido para su promoción personal. De nuevo en 2015, sin ser candidato a nada, salió en todos los carteles, pendones, espectaculares, ¿cómo no sería hoy el político más conocido en las encuestas?

En 2016 y 2017 fue el candidato sin serlo en todas las elecciones en el país. En el Estado de México, por ejemplo, hay un mitin donde se contabilizaron 35 minutos de discurso de Andrés Manuel por 5 minutos de discurso de Delfina, la candidata oficial. Y siguió recorriendo el país en campaña por cada municipio (aun así no sabe cuántos son) y de nuevo con cargo a nuestros impuestos.

Cosas curiosas. Cuándo fue presidente del Congreso de MORENA y Martí Batres Presidente Nacional, era AMLO, el Presidente del Congreso el que acaparaba todos los reflectores. Después AMLO fue Presidente Nacional, pregunta sincera, ¿alguien sabe quien preside hoy el Congreso de MORENA?, curiosamente ahora sí los reflectores pasaron al Presidente Nacional.

Después fue precandidato único, aprobado por aclamación y sin embargo hizo precampaña (como los de las otras coaliciones, sólo que con varios lustros de ventaja) y ahora que por fin es candidato oficial, después de tantos años de campaña en tiempos que la ley lo prohibía, después de tantos recursos públicos gastados en su promoción. Ahora sí le preocupa qué puede o no hacer en estos 46 días de intercampaña, ¡no vaya a violar la ley!

De verdad que como sociedad deberíamos sentirnos insultados y ofendidos, como decía arriba es un escupitajo en la cara a la autoridad electoral que, sí tuviera un poco de decoro debería responder sancionando a ambos por actos por demás anticipados de campaña, digo, aprovechando que fueron a preguntar. Por supuesto no lo harán, y no lo harán por dos cosas.

Primero porque, como decía arriba, acabarían sancionando a todos o casi todos los candidatos y tendrían prácticamente que cancelar la elección y, segundo, porque AMLO es un experto en victimización que viola la ley a sabiendas de que, en caso de ser sancionado, sacará provecho diciendo que son fuerzas obscuras queriendo impedir que salve a la nación.

Los ciudadanos debemos entonces pugnar por leyes que sean reales y autoridades que no sean omisas y sancionen de manera severa cualquier violación.

Por lo pronto podemos, al menos, sancionar a quienes violan la ley y después se burlan además de nosotros en nuestra cara con nuestro voto.

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