sábado 13 abril 2024

Línea 12, un Cisne Negro

por Julián Andrade

El derrumbe de la Línea 12 del Metro en la Ciudad de México, donde por desgracia murieron al menos 25 personas, puede ser un Cisne Negro que, por su magnitud e impacto, pegará en la flotación de no pocas carreras políticas y cambia por completo la agenda. Es la demostración de que gobernar es una suerte de apagafuegos permanente y que no es nada sencillo.

Los Cisnes Negros tienen la particularidad de hacer estallar por los aires los planes, cambiar el relato y por regla general provocan la irrupción de todo tipo de problemas.

Ayotzinapa fue el Cisne Negro de Enrique Peña Nieto y es un ejemplo bastante evidente de cómo las cosas se pueden salir de control en cualquier momento, y más donde las capacidades predictivas, por la dinámica de lo ocurrido, son endebles.

La Línea 12 y su derrumbe bien pueden terminar en convertirse en el Cisne Negro de la 4T y en un contexto delicado, con elecciones a la vuelta de la esquina, de ahí que las respuestas y la capacidad que tengan de procesar de la manera adecuada lo ocurrido, dependerá una parte de su futuro. Es más, no sería extraño que inclusive se redefinieran los liderazgos políticos y el juego de fuerzas que hay dentro del grupo en el poder.

CIUDAD DE MÉXICO, 04MAYO2021.- En las primeras horas de este día y con la ayuda de dos grúas teleféricas retiraron el primer de los dos vagones que se vinieron abajo cuando un tramo de la vía elevada de la Línea 12. FOTO: ARMANDO MONROY/CUARTOSCURO.COM

Nassim Nicholas Taleb señala que para sustentar una definición como la que ahora comento, tienen que ocurrir tres cosas: el acontecimiento tiene que ser una rareza, fuera de las expectativas normales, debe producir un impacto tremendo y con posterioridad tratamos de hacerlo explicable y predecible.

Con excepción de la última condición, que determinarán las investigaciones, las otras dos aplican en lo ocurrido en Línea 12 del Sistema de Transporte Colectivo.

Hace caso siete años, el periodista Pablo Hiriart advirtió (El Financiero, 11 de septiembre de 2014), como pocos, sobre las deficiencias en la construcción de la obra, la falta de un proyecto ejecutivo, el aumento en el costo, que pasó de los 12 mil millones proyectados a los 24 mil millones gastados, las ruedas demasiado anchas, los trenes no aptos para las vías y un largo etcétera.

Eran datos ya indicaban que algo no iba muy bien y por ello habían cerrado 12 estaciones en marzo de 2014, para corregir las fallas, pero sobre todo para garantizar la seguridad de los pasajeros.

Lo cierto es que la historia de la Línea 12 ya era accidentada y ahora ya es trágica.

En el fondo es increíble lo que ocurrió, porque solo es posible por una larga serie de negligencias, que hicieron que no se tomaran las previsiones adecuadas y que estalló como una sorpresa terrorífica la noche del lunes.

La Línea 12 requiere de un mantenimiento más profundo que las otras rutas del Metro. Esto es así, porque nunca se superaron los errores de su diseño. Es muy cara y así lo seguirá siendo, si es que un día vuelve a utilizarse.

Rubén Cortés, otro colega que ha sido acucioso con el tema, escribió que “seguimos pagando con nuestros impuestos el costo de la Línea 12, por lo cual el gobierno de la CDMX desembolsa anualidades de mil 300 millones de pesos, en una obra que se construyó sin licitación pública”.

Para colmo, es una situación que afecta a los más pobres, quienes perderán opciones de movilidad y aumentarán el tiempo para llegar a sus trabajos.

Un drama, por donde quiera que se le vea. Un Cisne Negro.

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