lunes 27 mayo 2024

Lord Molécula: la sombra de un enano

por Marco Levario Turcott

Carlos Pozos jamás hubiera podido ser cortesano en aquellas épocas en las que éste debía ser diestro en las armas y las letras para ponerlas a disposición del Rey. Ya no existen las armas como honra y menos las letras como signo de inteligencia, y por ello entiende su papel mientras se mira al espejo de sus más de 63 años, mueve el bigote como Pilón, el viejo amigo de Popeye, y acomoda el moño de trovador fracasado de los años 50. Luego bebe sorbos de café y apresura el camino a Palacio Nacional. Sabe que ésta será una de las últimas actuaciones que le quedan y que, como siempre, deberá leer bien el guión, engolar la voz y, sobre todo, hacer énfasis en sus elogios al presidente. Hoy dirá que el Ejecutivo dejará en la orfandad a millones de mexicanos aunque, en realidad, él es quien quedará huérfano.

Viéndolo bien, Carlos es un buen hombre. El jefe de una familia que toda su vida ha luchado por llevar el pan, como consta en sus largas estancias en las oficinas de comunicación social para recibir anuncios o algún apoyo económico metido en sobres amarillos desde que guarda memoria. Es un buen hombre, digo, porque no se mete con nadie, sólo cubre de lisonjas al poder y acomete su papel de distractor para que el presidente hable de cualquier cosa menos de lo importante. Ahora es famoso, lo sabe y lo va a disfrutar hasta el último momento y a festejar también, porque nunca en su vida imaginó ser tan visto y comentado. “Las burlas” dice para sí, “son propias de los envidiosos mientras yo tengo un nombre que es, al mismo tiempo, una marca. Sí, yo soy Lord Molécula (ahora levanta la voz) y quienes ríen de mí ya quisieran ganar lo que yo gano porque, no soy tonto, jajaja. Tengo playeras, libretas y plumas y una caricatura que ya la hubiera querido tener cualquiera”.

Lord Molécula entra por la puerta trasera, camina como un señor, con los codos levantados a los lados y los puños cerrados, dispuesto a recibir el dictado del día y seguro de que él sí tendrá un asiento a diferencia de los periodistas que llevan meses esperando la oportunidad de preguntar. Incluso, con suerte, volverá a ser tendencia en Twitter. Pero sobre todo, López Obrador lo verá otra vez y ello no sólo lo emociona casi hasta el desmayo sino que le significa dinero adicional. Aún no esclarece del todo. Carlos se sienta a un costado de donde pronto saldrá el Presidente. Luego de limpiarse la calva, leer en voz alta lo que hoy le dirá para que parezca como si él lo hubiera escrito y para no parecerse a Ana Elizabeth García Vilchis quien, al hablar, siempre pone a pelear a las letras o inventa palabras. Así está, cabizbajo, con el botón de en medio de la camisa a punto de reventar. Sabe que pronto saldrá a escena porque alcanza a notar una sombra, mientras limpia sus gafas con el pañuelo que su abuelo le regaló siendo muy niño. Lord Molécula ignora que esa es la sombra de un enano, Pero como sea, con ese enano siempre estará en deuda porque, gracias a él, fue alguien en la vida. Ah, y pudo comer también lo que nunca pensó siquiera que comería.

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