domingo 21 abril 2024

Periodismo faccioso en México

por Alejandro Vázquez Cárdenas

“Mientes como periódico” le grita el duro interrogador de la Gestapo (contracción de Geheime Staatspolizei) a su prisionero en una celda de la Alemania Nazi. La escena ocurre en la excelente novela de Jan Valtin (Richard Krebs) “La noche quedó atrás” publicada en el año de 1941. En la película “El castillo vagabundo” largometraje de dibujos animados basada en una novela de Diana Wynne y dirigida por Hayao Miyazaki encontramos el siguiente dialogo: Marker, el pequeño asistente del mago Howl, lee el diario. El mundo está en guerra. Marker exclama: “El periódico dice que el reino ha ganado”. En uno de sus escasos destellos de lucidez, la decrépita Bruja Calamidad responde: Solo los idiotas le creen a los periódicos.

“Solo los idiotas le creen a los periódicos”. Lo interesante de esta frase es que remite a la cuestión de que al leer su diario favorito el lector suprime su juicio crítico. La duda se plantea, ¿Ese tipo de lectores solo persigue puntos de referencia para confirmar sus propios prejuicios?

Vale la pena recordar algunas verdades sobre los medios noticiosos en general.

En México prácticamente todos los medios periodísticos son privados y por lo tanto su principal fin es hacer dinero. Obviamente para lograrlo se alinean con los mercados a los que van dirigidos; el mundo de los espectáculos, los deportes, las amas de casa, los interesados en la música, las letras, los izquierdistas trasnochados etc. Una vez definidos los mercados, los medios, con sus editorialistas, columnistas y reporteros, se dedican a dar lo que el lector desea leer. ¡Ojo! no la verdad, sino lo que saben que a su lector le resultará grato.

Existen medios de comunicación que hacen un gran negocio enfocándose al sector de la izquierda mexicana, signifique eso lo que signifique, verdaderos dinosaurios sobrevivientes de un mundo bipolar, que por sus anteojeras ideológicas no se han enterado que el marxismo-leninismo se encuentra desde hace años en el basurero de la historia. Estos medios son considerados por estos personajes como los únicos confiables, los dueños de la verdad, auténticos oasis en medio de un desierto informativo. En la vastedad del periodismo mexicano destaca por su sesgo y últimamente por su servilismo ante la llamada 4T el bautizado por el Mesías como “Periódico Objetivo”, La Jornada, para el común de los mortales. Pero no es el único, diversos medios nacionales tienen entre sus páginas, por así convenir a sus intereses económicos, algunos representantes de la mas rancia izquierda.

Obviamente quienes trabajan en dichos medios tienen la necesidad de escribir lo que saben que desea leer ese segmento de lectores, tanto por el bien de su negocio como para mantener la lealtad de sus clientes. Bien puede afirmarse que es precisamente en esos medios donde los izquierdistas encuentran su necesaria dosis de mentiras y medias verdades para sentirse bien ese día. Sabedores de eso, los medios se encargan de que esa dosis sea lo más eficaz y duradera posible, por eso su sesgo y estridencia.

En el periodismo mexicano actual encontramos de todo, desde el periodismo serio, honesto, que invariablemente busca confirmar una noticia antes de publicarla, hasta el periodismo panfletario que tanto daño ha hecho por su ligereza y afán de lucro que raya en la venalidad.

La Real Academia Española define «panfleto» como libelo difamatorio o bien un opúsculo de carácter agresivo. Por lo tanto «periodismo panfletario» resulta ser aquel que haciendo a un lado todo intento de objetividad y compromiso con la verdad decide, por así resultarle conveniente, torcer las noticias, alterar la verdad o de plano mentir descaradamente con el fin de servir a su causa.

Este periodismo panfletario, que podemos llamar también “periodismo faccioso” es mas frecuente de lo que nos imaginamos. Periodismo con un repugnante tufo de quintacolumna. Periodismo que recurre reiteradamente al argumento de “libertad de prensa”, pero no para informar, sino para atacar o calumniar a quienes no piensan como ellos. Periodismo que cierra los ojos ante la corrupción y contradicciones de sus correligionarios y patrocinadores. Periodismo que falsea, encubre, sesga, matiza, o de plano miente si así le resulta conveniente. Periodismo, en fin, que no informa y solo contribuye a la polarización de la ciudadanía.

Mas común de lo que podríamos pensar, es tarea de cada lector determinar quienes son, en nuestro medio, los profesionales del odio, la desinformación y el resentimiento. En realidad no les costará mucho trabajo ubicarlos.

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