lunes 26 febrero 2024

Radicalización

por Pablo Majluf

El año que pasó fue malo para el régimen obradorista: fracasaron sus tres reformas constitucionales, se espabiló la ciudadanía para defender al INE, la prensa internacional homologó ya a López Obrador con los peores demagogos del orbe, los elefantes blancos –AIFA, Dos Bocas, Tren Maya– no prosperan, y la inflación y la violencia, con el agravante del ataque a Ciro Gómez Leyva, no ceden.

Podemos partir de un pronóstico razonable sin que se nos acuse de apocalípticos. Según su biografía política, se antoja imposible que López Obrador le entregue la banda presidencial a la oposición en 2024. Que su “corcholata” pueda ganar legítimamente es otra cosa. Pero, en caso de perder, tiene a la mano todo el aparato del Estado para reventar la elección, desconocer resultados, alegar fraude y provocar una crisis constitucional. Todo lo que siempre quiso siendo opositor, sólo que ahora desde el poder.

CIUDAD DE MÉXICO, 04ENERO2022.- Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, encabezó conferencia de prensa matutina en Palacio Nacional. El presidente estuvo acompañado de: Elizabeth García Vilchis, directora de Redes de la Coordinación General de Comunicación Social y Vocería de Presidencia; Víctor Manuel Villalobos, secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, y Octavio Romero Oropeza, director general de Petróleos Mexicanos (Pemex).
FOTO: MARIO JASSO/CUARTOSCURO.COM

Este año es la antesala al 2024 y podemos esperar el arado de tierra con la hoz radical que caracteriza a este tipo de regímenes cuando se sienten amenazados. Primero, es previsible que el régimen endurezca su retórica conspiratoria, alegando todo tipo de injerencias caseras y foráneas de los sospechosos habituales que quieren descarrilar la voluntad popular y usurparle al Pueblo su movimiento. Se recrudecerán ataques a la prensa, a los aliados comerciales del norte, a la clase media, a los científicos, intelectuales, empresarios. Se siembra así de antemano la semilla del contrafraude: si llego a necesitar una bribonada para retener el poder, lo mejor es advertir desde ahora que yo seré la víctima.

Vienen también despiadados ataques al INE, a la oposición y al Poder Judicial. Al primero por cuatro vías: su intento de captura mediante los nuevos cuatro consejeros, su bancarrota, su saturación administrativa con precampañas ilegales, y el laboratorio de artimañas en Coahuila y el Estado de México. A la oposición, con el ya probado método Layda Sansores: la intimidación y la amenaza de cárcel. Y a la Corte, con el ya probado método Medina Mora, especialmente ahora que la nueva ministra presidente Norma Piña destrabe todas las controversias que dejó congeladas el fiel Zaldívar.

Aumentarán también las purgas –voluntarias y ordenadas– en el propio régimen, conformándose un politburó cada vez más hermético y obcecado. Son dos lógicas: por un lado, ya nadie se sube al barco obradorista en pleno hundimiento. Al contrario, los perfiles más moderados quieren salvar lo poco que les queda de reputación. Y, por otro, el mismo régimen demanda más lealtad y cierre de filas ante el oprobio, sospechando soviéticamente de quienes osan dudar. La sumisión debe ser total y absoluta aunque los dogmas, como dijo Orwell, cambien según las querellas ordinarias del poder. Ya sólo quedarán los más talentosos saltimbanquis y maromeros, los cínicos y tontos.

2023 es el año de la radicalización previo al manotazo.

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