domingo 03 marzo 2024

Sobre poemas de Zel Cabrera

por Germán Martínez Martínez

¿Qué pasa cuando un escritor habla de su propia obra en términos de una causa social? Hoy para muchos artistas esto es no sólo normal, sino que les resulta indispensable, lo convierten en exigencia para sí mismos: sus creaciones deben conectarse directamente con temas que definen las izquierdas, porque de lo contrario sus obras serán estigmatizadas como banales y anticuadas. No son muchos los asuntos autorizados y los planteamientos alcanzan absurdos como pretender anticapitalismo hasta por debajo de las piedras, desde cómodas existencias burguesas. ¿Qué pasa cuando se lee a uno de esos escritores y se confirma que aborda un tema que para al común de las personas —incluyendo lectores literarios— resulta difícil de enfrentar? Las reacciones, por supuesto, pueden ser variadas. En mi perspectiva, estas circunstancias, lejos de ser un preámbulo de descalificación de las obras, tienen que ser un reto de lectura: leer más allá de la propia idea de la poesía, para lograr seguir en su búsqueda.

La reprobación y descarte simplista de las obras suele tener un componente moral que en los “mejores” casos es grave error intelectual —ceguera autoimpuesta— y que en los peores casos lleva a delirios por los cuales los juzgadores creen que todo lo que ellos consumen es maravilloso, mientras que lo apreciado por los demás —particularmente las mayorías— sería cuestionable. Sin que esto se traduzca en relativismo —partiendo de una idea coherente de las artes es probable que a uno no le entusiasme algo fuera de esa concepción— hace falta nunca abandonar el interés por comprender, motivado por la plausible posibilidad de que uno esté equivocado. El fin no es la conciliación, probablemente imposible, pero sí el diálogo: un bien en sí mismo.

Zel Cabrera ha escrito libros de diversos géneros. Instagram de la autora.

Zel Cabrera (1988, Guerrero) es una autora que enmarca con naturalidad el discurso sobre su propia obra en los feminismos, que critica el amor romántico —como nutrida parte de los artistas contemporáneos— que denuncia los feminicidios que ocurren cotidianamente en México y que defiende la pertinencia y validez de escribir poemas sobre temas reales y aparentes como la menstruación en su libro Perras (2019, 2022). El título tiene dos ediciones, ambas al alimón entre Tierra Adentro y el FCE; con el sello de la secretaría de cultura en su contraportada. Antes ha publicado los poemarios Una jacaranda en medio del patio (2018), La arista que no se toca (2019) y Cosas comunes (2020), así como la novela Cómo pesa el silencio de los muertos en 2023. Además, dirige la editorial Los libros del perro y como gestora cultural organiza actividades como el Festival Internacional de Escritoras Primavera Bonita. En su segunda edición Perras suma 10 poemas en su nueva sección final: “Soliloquio de una perra”.

En español mexicano el apelativo “perra” es siempre derogatorio. Su sentido va desde ser sinónimo de puta hasta un cierto reconocimiento —todavía denigratorio— de ferocidad, pasando por rasgos de humillante dependencia; todo caracterizado como femenino. En este contexto, Cabrera ha expresado su deseo de “resignificación de la palabra ‘perra’” al titular así su libro. La sección inicial, “Bravas”, es la que más se conduce por proyecto, en que la menstruación y su sangre son constantes (a su vez, “Domésticas”, es la que contiene poemas más tradicionales, a partir de anécdotas e instantes). Pero sería reduccionista fijar la atención sólo en esa recurrencia evidente. A pesar de no ser su centro, el amor —o las relaciones— también recorre los poemas. Quizá la intención —no sólo subyacente sino tangible— es aludir a partir de lo personal a situaciones que enfrentan las mujeres o, como dice un verso en la siguiente sección, “el cáncer de ser mujeres”.

Es de notar que no se trata de textos que dependan o exclusivamente pretendan transmitir el mensaje de un activismo. Puede haber cabida para una constante —o tópico— entre creadores actuales, independientemente de sus edades, como una alusión que da por hecho su contenido pero que no necesariamente lo sustancia: “algo saben de ser mujer/ las curanderas,/ algo que las otras ignoramos”. Pero por sobre eso, hay una intención de “visibilizar” o, mejor, de hacer presentes realidades, pues se trata de poemas que tienen su propia elaboración y alcanzan un tono por la confluencia de sus elementos. Agregaría que si antes se ha creído que cualquier hecho es susceptible de ser poesía —lo que no dista mucho de creer que dios está en todo— entonces, en buena lógica, la menstruación, su sangre, perfectamente pueden serlo también. No hay que pasar por alto, sin embargo, que la sangre, en general, provoca precauciones culturales y algunos argumentarían que también biológicas. Estamos, entonces, no sólo ante prejuicios, ni de un lado ni del otro.

La primera novela de Cabrera, publicada en 2023. Instagram de la autora.

El lenguaje de los poemas de Perras es un desafío de lectura. Los cortes de los versos no necesariamente se corresponden con la generación de un ritmo y recuperar su sentido, en ocasiones, requiere de hacer caso omiso de cambios de línea. ¿Cuál es el poder de un lenguaje que dice: “salimos más perras que bonitas”? En cambio, cómo no percibir algo significativo —no por inteligible, sino precisamente por alejarse de lo diáfano— cuando uno lee: “mordimos al amor/ sin antes pronunciarlo”. Estos rasgos no son producto de casualidad o descuido, sino de decisiones de escritura. Es probable que en la sección “Desobedientes” estén los textos más despojados de imaginación. Tampoco es gratuito: son los poemas más crudos en que hay espacio para los reclamos. En la siguiente y última parte del libro también se vuelve notorio el mayor prosaísmo, ese que puede llevar a la pregunta de por qué colocar las palabras en versos si tal disposición no genera alguna musicalidad: “el amor es otra cosa,/ que si existe el y vivieron felices/ para siempre fue en otra vida,/ con otros nombres/ que esas historias serán de otros/ y no nuestras”.

Cabrera, como otros escritores, se adscribe a una transformación temática. Si se habla de concepciones posautonómicas de las artes, también habría que notar que otra recurrencia es la coincidencia temática que podría nombrarse como posamorosa: “el amor era la carnaza/ pero nunca fue la recompensa”. No obstante, al lado de esa intención de abandonar —o superar cuestiones que pueden o no ser del pasado— está el reconocimiento de tensiones, la persistencia de las pasiones, como cuando la voz de un poema habla de celos experimentados pero se quiere contener diciendo: “perra no come perra,/ es decir perra/ no debe comer perra”. Si en “Walking around” Neruda dijo “sucede que me canso de ser hombre”, Cabrera en Perras anota: “sucede que me aburro/ de ser mujer”, pues también hay una certidumbre que no es novedad, sino persistencia en la tradición poética. Esa misma voz sabe: “a mí vienen a curarme las palabras”.

Una presentación del libro Perras de Zel Cabrera. Instagram de la autora.

Sería erróneo ver el conjunto de estas características como un cambio “generacional”. Las variaciones formales y de asunto a través del tiempo nunca dejan de ocurrir, pero lo que he identificado estaría destinado a ser pasajero si fuera sólo eso. Más allá de Perras, en este tipo de textos hay algo particular que se relaciona no con el paso del tiempo entre personas aisladas, sino con un cambio de época en que confluyen individualidades, pero, sobre todo, procesos culturales, históricos, políticos y sociales que llevan a que también las ideas sobre el arte se alteren, sin que sea previsible qué nuevas formas adoptarán. Los discursos de activismo social y político que ahora ganan prestigio en las prácticas artísticas podrían terminar percibidos como sólo una etapa de curiosa transición. Así como hay una lógica izquierdista que argumenta que los “derechos ganados” deben ser preservados; concibo que la idea de la autonomía del arte —la posibilidad de que valga por sí mismo sin supeditación a propósitos sociales que serían más importantes— es planteamiento indeclinable.

Mencioné el discurso público con que Cabrera acompaña los poemas de Perras. A través de los textos se deduce que su temática no es un recurso para integrarse a algún grupo ni una forma de llamar la atención en una comunidad cultural que ve tales asuntos con simpatía, sino que se trata de convicciones y de una causa abrazada por la autora. La escritura de Zel Cabrera —aún con la distancia que guarda respecto a una idea de la poesía como entidad autónoma e imbricada hasta la indistinción con el lenguaje— es considerablemente más que la exposición de una posición social y política. Los poemas de Perras no son consignas —ni gritos, como sucede frecuentemente con textos semejantes de escritores afines— sino exploración individual de una causa irrenunciable.

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