viernes 21 junio 2024

Un tren llamado capricho

por Jorge Triana

El Tren Maya es ambicioso en su potencial destructivo, a su paso arrasa con el patrimonio natural del país, devastando la biodiversidad de la península de Yucatan, que por cierto es única en el mundo. 

Para el presidente no existe argumento válido que frene su obstinación con el proyecto ecocida, la premura por inaugurar esta por encima de cualquier costo, sea de económico o ecológico. Para López Obrador, la realidad milita en su contra, la evidencia es opositora y la razón sólo invita ser partícipe a la ‘manipulación’ del pueblo, donde no cabe opinión válida si no es la suya.

“Con la construcción del Tren Maya

no se tirará ni un solo árbol”

– Andrés Manuel López Obrador, 2018

Con un sobre costo de 123 mmdp, el tren ha despertado alertas que anuncian el fuerte golpe a las reservas ecológicas de la zona. Se exentaron las evaluaciones de impacto medio ambiental, que demostrarían, de ser el caso, la superioridad y viabilidad del proyecto en sus beneficios ante los costos (en amplio sentido) que podrían ser incuantificables e irreversibles ecológicamente a futuro; se atropellan exigencias legítimas de comunidades que habitan en la zona, y aunque el gobierno monte una pantomima que llamó ‘consulta’ para la atención de sus demandas, la realidad es que solo las soslayan, de otra manera la existencia de los múltiples amparos interpuestos no tendrían lugar.

La desatención de las demandas empujo a las comunidades locales a solicitar el apoyo de un nutrido grupo de actores, cantantes y artistas para hacer eco a sus preocupaciones: lanzaron la campaña #SelveméDelTren, donde reprueba el daño ecológico y se solicita la visita del presidente a las áreas afectadas para que observe de primer plano la devastación provocada. Sin embargo, fiel a su estilo, hizo uso de la ya clásica descalificación y enfoque al pasado, sin tomar en cuenta que varios de los protestantes lo acompañaron anteriormente en causas que él también abanderó. La descalificación se elevó a tal grado que los diputados subyugados morenistas denunciaron a los protestantes por considerar las exigencias como ‘campaña negra’. Su denuncia no prosperó.

En paralelo se han alzado voces que armadas con datos, estudios y evidencia señalan cómo las más de 2,500 hectáreas deforestadas impactarán en la fauna, por ejemplo, se habla que en el tramo que va de Cancún a Tulum habrá afectaciones al ‘volcán de murciélagos’, el más grande de America Latina, con más de tres millones de ejemplares en su hábitat que abonan a la contención de plagas de insectos nocivos para la labor agrícola de la península, y que desestabilizará el orden natural.

La biosfera de Calakmul cuenta con una red de cavernas, ríos, lagos, así como grandes galerías subterráneas de agua dulce que contienen las reservas más importantes del país. La obra ha dejado al descubierto cavernas que albergan parte de estas reservas, caracterizadas por su fragilidad y que de concretarse las edificaciones proyectadas serán laceradas irreversiblemente. 

Es preocupante que en un contexto donde observamos en el país el comienzo de la crisis por la gestión del líquido vital, sequías y desabasto, no haya por parte del gobierno una visión de futuro que permita prever el valor real de los recursos que concentra la región y su potencial utilidad y valor a futuro. Su óptica cortoplacista en busca del aplauso obnubilado nos condenará a un porvenir fatídico.

Entre tanto, estas experiencias serán replicadas en sus consecuencias en otras áreas: expertos de la UNAM alertan de vaticinios similares en el cuarto y séptimo tramo del tren donde la zona de Calakmún sufrirá impactos graves y hablan del despojo directo e indirecto de tierras a 44 comunidades que nunca otorgaron consentimiento para la obra.

López Obrador prometió un tren con responsabilidad ambiental, pero opera en sentido contrario: un tren que margina, violenta derechos y destruye nuestra biodiversidad a costa del futuro. No hay argumento válido que logre reflexión por parte del gobierno, mientras en su narrativa cualquier dato o suceso sea desdeñado, no hay posibilidad de diálogo.

El Tren Maya ya se había ‘inaugurado’ ficticiamente en dos ocasiones: primero se presumió la instalación de las vías en 2021, luego se festejo la compra de los primeros vagones en junio pasado, pero esta semana vimos el primer recorrido del tren.

El Tren Maya, que estaba proyectado para ser de alta velocidad y que correría a  200 kilómetros por hora, el día de su estreno marchó a no más de 30 y 60 km por hora, una una mayor velocidad provocaría una enorme vibración que podría descarrilarlo.

Quien viaje en ese tren, recorrerá en 7 horas un trayecto que un automóvil sería de apenas 2. Para colmo, el presiente ha confesado que el proyecto no será autofinanciable no habrá habrá ganancias, será otro barril sin fondo.

En la lógica esquizofrénica del gobierno, la realidad se posiciona en su contra por mera voluntad. Un proyecto que de origen podría haber tenido objetivos loables, se desvirtúa ante el capricho de la premura, dejando una estela caos y daño a su paso.

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