sábado 13 abril 2024

¡Vivo el rey y viva el rey!… nunca la reina

por Jorge Triana

Este análisis detalla las posibles aristas de un hipotético gobierno bajo el liderazgo de la exjefa de Gobierno, tomando en cuenta la imagen que se pretende proyectar en su precampaña, la primera versión de su Proyecto de Nación 2024-2030 y su declarada intención de “dar continuidad” a la administración de Andrés Manuel López Obrador.

La estrategia electoral de Claudia Sheinbaum ha evolucionado: ahora se la presenta como una líder con visión de futuro y con ideas propias. Ella ha dejado atrás el discurso de dependencia absoluta con AMLO y proyecta ser una candidata independiente, con ideas innovadoras, con un tono más amigable para atraer la atención de las clases medias.

La presentación de su equipo de campaña envió un mensaje claro sobre su capacidad de gobernar ya que incluye perfiles aparentemente moderados. Sin embargo, su retórica no cambia: insiste en dejar claro que su proyecto se trata de la construcción del “segundo piso” de la mal llamada “cuarta transformación”.

La candidata de Morena ha declarado públicamente su apoyo a las propuestas del presidente para desaparecer órganos autónomos, para debilitar al Poder Judicial, para terminar de militarizar al país y, en general, para acumular más poder en la figura presidencial.

El pasado 3 de diciembre Sheinbaum presentó la primera versión de su Proyecto; es decir, el programa de gobierno que implantaría en caso de ganar la elección. También anunció los “Diálogos por la Transformación”, una serie de foros y mesas de trabajo que serán protagonizados lo mismo por especialistas y académicos, que por un cúmulo de personajes de “convicciones ligeras”, como el exministro Arturo Zaldívar o el exgobernador panista Javier Corral.

También integrarán las mesas de trabajo personas cercanas al actual gobierno, como Gerardo Esquivel, Lorenzo Meyer y Olga Sánchez Cordero, además de incondicionales de la propia Sheinbaum, como Omar García Harfuch o José Merino.

Es una extraña mezcla de perfiles: unos son tránsfugas “exprianistas”, otros de la rancia izquierda mexicana y algunos del reciente “wokeismo” decolonial; pero todos tienen algo en común: la total sumisión al proyecto obradorista.

El objetivo de esos diálogos es “fortalecer y consolidar” la “cuarta transformación” y elaborar propuestas para llevar a la práctica los 17 puntos estratégicos del Proyecto de Nación 2024-2030.

Aún sin conocer los resultados de las mesas de trabajo, podemos adelantar que el documento presentado por Sheinbaum y su equipo de precampaña exhibe un intento por establecer una regresión populista que haría sonrojar al mismísimo Luis Echeverría, con el claro distintivo de continuidad del obradorato.

Vale la pena analizar los principales puntos que integran el plan estratégico de Sheinbaum y comprender sus implicaciones.

  • Mantener la austeridad republicana, la disciplina financiera y fiscal

Sheinbaum promete que no utilizará un “avión presidencial” ni regresará el Estado Mayor Presidencial (sí, ese que sólo cambió de nombre), ni tampoco habrá pensiones a expresidentes ni lujos o privilegios para los gobernantes. Lugares comunes del obradorato.

La virtual candidata morenista replica letra por letra la narrativa de AMLO: no habrá gasolinazos o aumentos en la tarifa eléctrica por encima de la inflación, se combatirá la evasión fiscal y la condonación de impuestos, se combatirá la corrupción y habrá separación del “poder económico” del “poder político”.

  • Mantener y fortalecer los programas sociales

La exjefa de Gobierno plantea la expansión de programas sociales, así como la universalización de las “becas del bienestar” para estudiantes de escuelas públicas implementadas durante su administración en la Ciudad de México; es decir, todo lo que está obligada a hacer por mandato constitucional, más su toque personal para mantener el control de grupos clientelares.

  • Aumentar el salario mínimo y fortalecer a los trabajadores

Sheinbaum promete continuar con la política de aumentos salariales por encima de la inflación, al igual que fortalecer los derechos de los trabajadores. En este punto sólo se restan los supuestos logros del presente gobierno y no hay ninguna propuesta nueva.

  • Inversión pública regional

Se propone continuar con el modelo de gasto público al estilo keynesiano para impulsar el desarrollo con megaproyectos en regiones que el gobierno considere necesarias (o donde sea rentable políticamente). Se presta especial atención a completar el Tren Maya y el Interoceánico, así como a una red ferroviaria de pasajeros que ha propuesto AMLO últimamente.

Sobra preguntarnos quién será responsable de este programa de infraestructura: el Ejército.

  • Énfasis en la educación pública, desde la inicial hasta la superior

La precandidata pretende continuar con la “transformación” de la educación pública en torno al modelo de la llamada “Nueva Escuela Mexicana” impulsado por la presente administración, modelo que nos ha llevado a los peores resultados en la Prueba PISA desde el año 2000.

  • Continuidad y fortalecimiento al sistema público de salud: ISSSTE, IMSS e IMSS-Bienestar

Sheinbaum promete continuar con las políticas del actual gobierno, las que nos han llevado a un trágico desabasto de medicamentos que azota al sistema público de salud, a las terribles condiciones de los hospitales debido a la falta de mantenimiento, además de la pérdida de cobertura médica para millones de ciudadanos por esquemas fracasados, producto de la improvisación del Instituto de Salud para el Bienestar y el IMSS-Bienestar.

  • Dar continuidad y fortalecer el acceso a la vivienda digna

Se plantea continuar con programas sociales actuales para el acceso a una vivienda digna. No hay más información.

  • Garantizar la justicia para los pueblos indígenas

Esta es una bandera identitaria del obradorismo y de otras izquierdas bolivarianas, así como un elemento de la base morenista, esencial para su desempeño electoral e imagen partidista. No se especifica cómo se va a garantizar esa justicia.

  • Promover la igualdad sustantiva para una vida digna y de bienestar para las mujeres y la comunidad LGBT

De forma similar al punto anterior, puede considerarse una bandera de las izquierdas de corte progresista. Paradójico, el gobierno de Sheinbaum en la Ciudad de México exhibió una abierta hostilidad frente a las colectivas feministas: fueron cercados espacios públicos, entre ellos el Palacio Nacional, fueron utilizaron granaderos y gas lacrimógeno contra manifestantes e, incluso, se les catalogó como grupos peligrosos por encima de organizaciones terroristas y cárteles de droga.

La comunidad LGBT+ fue ignorada por el gobierno, que mostró total indolencia al optar por no adquirir vacunas para viruela símica durante el brote de 2022 que azotó a esa población de forma desproporcionada.

  • Aprovechar el T-MEC y la buena relación con los países para impulsar y atraer las inversiones

Sheinbaum señala el interés por aprovechar el fenómeno del nearshoring en México para la atracción de inversiones y el aprovechamiento del T-MEC, lo que resulta irónico, ya que el gobierno de AMLO ha puesto todos los obstáculos posibles a proyectos de inversiones, como el caso de la cervecera Constellation Brands y varias plantas automotrices.

Este gobierno ha violado flagrantemente el T-MEC, llevándonos a conflictos comerciales en materia energética y por la prohibición del maíz transgénico, lo que ha disminuido la confianza para invertir o hacer comercio con nuestro país.

  • Impulsar el desarrollo científico, tecnológico y cultural

La precandidata oficialista prometió promover la cultura y el desarrollo tecnológico; sin embargo, el gobierno de AMLO desapareció los fideicomisos de cultura y ciencia, y optó por desarticular al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología para reestructurarlo en torno a su visión política.

  • Acelerar la transición energética hacia fuentes renovables de energía

Contrario a los hechos y políticas del gobierno obradorista, la exjefa de Gobierno plantea como una prioridad la descarbonización de la matriz de generación eléctrica, pero, eso sí, planteando un modelo estatista donde se garantice la “soberanía” para su desarrollo.

Cabe recordar que este gobierno ha impulsado el uso de combustibles fósiles y ha bloqueado la activación de plantas solares ya instaladas. Además, sigue utilizando el combustóleo como fuente de generación de energía eléctrica, sin importar las graves consecuencias ambientales.

  • Protección de los recursos naturales, mitigación y adaptación al cambio climático

Sheinbaum siempre se ha presentado como una científica ambientalista frente al electorado a lo largo de su carrera política, y esta no es la excepción. Lo que no dice es cómo hará compatible esta visión ambientalista con proyectos ecocidas como el Tren Maya o la refinería Olmeca.

  • Trabajar para garantizar el derecho al agua

De acuerdo al documento presentado, el acceso al agua es una prioridad para Sheinbaum, pese a la creciente dificultad que tuvo la población para acceder al vital líquido durante su gestión de la Ciudad de México.

Vale la pena resaltar que durante el sexenio de AMLO el presupuesto para la Comisión Nacional del Agua cayó a niveles históricos, y la mayoría morenista en el Congreso paralizó el análisis y aprobación de todo proyecto legislativo en materia de aguas, incluso desoyendo mandatos de la Suprema Corte.

  • Promover la soberanía alimentaria y el apoyo al campo

Una de las expresiones más características de la “cuarta transformación” es: “Sin maíz no hay país”. Por lo que no es extraño que la virtual candidata obradorista retome la visión nacionalista de la soberanía alimentaria en aras de llegar a una supuesta autosuficiencia en la producción de alimentos esenciales. Sin embargo, hasta ahora estas políticas públicas han sido plataforma para esquemas de megacorrupción como en el caso de Segalmex, además de violaciones al T-MEC.

  • Gobernabilidad, paz, seguridad y justicia

Sheinbaum presenta como columna vertebral de su proyecto buscar la “gobernabilidad, paz y seguridad como fruto de la justicia en todos los ámbitos”. Vivimos el sexenio más violento en la historia, con más de 177 mil muertos y 66 mil desaparecidos; con incidentes en los que el gobierno se vio sobrepasado, como el “culiacanazo” y los actos violentos en Guerrero o el Estado de México, donde queda al desnudo el desgobierno producto de la política de “abrazos, no balazos”. Son promesas vacías de quien impuso a su propia fiscal a modo, viciando la justicia en la entidad que gobernaba.

  • “Plan C”, reforma al sistema judicial y otros cambios

El último punto del plan presentado por Sheinbaum es, por mucho, el más peligroso: para pavimentar el “segundo piso” de la “cuarta transformación” se plantea como objetivo la destrucción de los contrapesos institucionales que hasta el momento han resistido los embates autoritarios de AMLO.

Sheinbaum pretende, al igual que el tabasqueño, embestir a cualquier disidencia política, órgano o poder autónomo que la obstaculice en su intento por concentrar el poder. Busca conseguirlo mediante el denominado “Plan C”: conseguir para su partido y aliados la mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso para neutralizar a la oposición.

El siguiente paso sería reformar al Poder Judicial para que los ministros sean elegidos por “el pueblo”; en otras palabras, perfiles afines al Ejecutivo.

Otra de las “reformas pendientes” es la desaparición de los órganos autónomos, los que AMLO considera obstáculos para su transformación. Tales son los casos del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, al cual intentó paralizar a la mala para esconder la corrupción, y de la Comisión Reguladora de Energía, que ha evitado mayores abusos de la Comisión Federal de Electricidad y Petróleos Mexicanos. También la Comisión Federal de Competencia Económica y el Instituto Federal de Telecomunicaciones se incluyen en esa lista. ¿Su crimen? Gozar de autonomía y ejercerla.

Ese es el plan de vuelo de Sheinbaum, lo que pretende llevar a la práctica en caso de ser presidenta, que es continuismo acrítico y ausencia total de un estilo propio. Es el mismo proyecto obradorista, con pocas modificaciones en sus formas y nulos cambios de fondo, que propone que pasemos por los 12 años más trágicos desde los que sufrimos con la dupla Echeverría-López Portillo.

Una hipotética presidencia de Sheinbaum no sólo equivaldría a la continuidad total del gobierno autoritario y liberticida de AMLO: su proyecto advierte una administración aún más errática y negligente, donde no pocos funcionarios verán por sus propios intereses al no tener cerca al personaje que los aglutinaba y alineaba.

¡Vivo el rey y viva el rey!… nunca la reina.

También te puede interesar