sábado 15 junio 2024

Imer, triste aniversario

por Marco Levario Turcott

Vistos en conjunto, los medios de comunicación oficiales ofrecen un panorama desigual en su estructura normativa, sus características de organización y sus proyectos. Operan con ostensibles carencias económicas, enormes limitaciones técnicas e insondables intersticios administrativos además del contexto de una cultura laboral resistente a cambiar visiones anquilosadas y emprender adecuaciones que los modernicen. Pero esencialmente su poca trascendencia –con excepción de parte de su oferta televisiva y algunos programas radiofónicos– se debe a que funcionan sin una política integral de Estado que les dé homogeneidad jurídica y fije la estrategia para cumplir con la función social a la que se deben.

Por la potencial capacidad de esos medios oficiales y también dada la actual oferta de comunicación radiofónica que priva en el país es fundamental reestructurar su orden normativo mediante una reforma que les confiera el carácter de medios de servicio público. Nada menos en esta edición repasamos los contenidos chatarra que hay en las empresas concesionadas de televisión para registrar uno de los aspectos básicos que valdría la pena normar en el diseño de una nueva ley de radiodifusión.

Pero en tanto eso ocurre, es decir, la reforma de los medios y en particular la de los medios oficiales, y tomando en cuenta siempre las limitaciones antedichas, vale la pena revisar su administración, analizar su oferta y demandar mejores contenidos porque, incluso como reconoció el gobierno federal hace varias semanas, el margen de acción que esos medios tienen es mayor a lo que ahora se muestra. Esa vez aludió al Imer en particular, aunque nosotros creemos que sucede lo mismo con las otras dependencias como lo documentaremos durante los meses siguientes. Ahora, en las páginas que siguen nos centramos en el instituto, que opera 17 radiodifusoras, dado que este 23 de marzo cumple 25 años desde su fundación.

El Imer llega a ese aniversario con el cúmulo de problemas originados desde su misma creación –como lo es, por ejemplo, que tiene permisos y concesiones y dos sindicatos, además de las limitaciones técnicas de funcionar con diez estaciones de Amplitud Modulada. Esto aparte de las anomalías suscitadas por las sucesivas administraciones, en particular para el análisis contemporáneo, la inmediata anterior a la actual, y de las que aquí hemos dado cuenta en su oportunidad. Pero sobre todo, en este aniversario el instituto no tiene una dirección que delimite objetivos claros de servicio público ni en la esfera informativa ni en la cultural y de entretenimiento (por cierto, esa fue la razón por la que a partir de este año el director de etcétera dejó de ser asesor del Imer).

La mayor parte del equipo directivo del instituto, incluso su director general, carece de experiencia en la operación de estaciones radiodifusoras y también en el ámbito periodístico. Citamos un dato obtenido con base en la ley de transparencia: el licenciado Arturo Mendoza Toraya es el director de radiodifusoras del Imer y de 2001 a 2004 fue secretario particular del actual director general del instituto tanto en la Secretaría de Gobernación como en RTC, y de 2005 a 2006, también como subordinado de Héctor Villarreal en la Presidencia de la República, fue director de Control y Estadística de la Coordinación de Radio y Televisión de Comunicación Social. Es decir, hasta antes de su actual responsabilidad, Mendoza Toraya no había tenido contacto alguno con la operación de radio difusoras. El ejemplo no es cosa menor: muestra la necesidad de acotar la discrecionalidad en los nombramientos de los altos directivos de los medios oficiales y de establecer perfiles profesionales adecuados al cargo que desempeñan.

Pese a esto podría esperarse desde el Imer una ruta audible de acciones desde las que se cristalicen planteamientos generales. Sin embargo, eso ha sucedido de manera aislada y sin que sean compartidas las decisiones con los radioescuchas pero, sobre todo, ha ocurrido sin una visión integradora de su oferta. Entre los pocos cambios emprendidos, uno muy reciente fue modificar La Hora Exacta que minuto a minuto ofrecía la estación 1350 de AM y que aquí consideramos, hace dos meses, como un enorme desaprovechamiento en el cuadrante tanto para los contenidos de servicio público a los que se debe el Imer como para su aprovechamiento financiero al tratarse de una estación concesionada. La 1350 cambió, en efecto, aunque para que desde ahí se escuche música tropical y ahora ofrece un servicio social que es similar al de otras estaciones comerciales como “La más perrona”, “La K buena” o “Radio Sinfonola”.

Animados por el deseo de contribuir a una discusión seria sobre los medios oficiales, les ofrecemos enseguida varios textos que apuntan en ese sentido y que, con equilibrio periodístico, reconocen como aquí lo hacemos nosotros también, el enorme potencial que tiene el Imer. Lamentamos que, en esta ocasión, hubiera declinado a participar en este debate su actual director general.

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