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Recomendamos: Asesino cereal, por Gil Gamés

Por etcétera ·

¿Nadie puede detenerlos? Gil se tapó las orejas en un gesto desesperado. Como en la película Un día de furia, Gamés ha estado a punto de interceptar el carromato de los ropavejeros para destruir con lujo de violencia la grabación que le taladra la cabeza dos o tres veces al día desde hace años: se compra-an, colcho-ones, lavadoras, estufas, refrigeradores, micro-ondas, o algo de fierro viejo que venda-an. Gilga no vende ninguno de estos artefactos; y si no quiere vender por qué tiene que recibir forzosamente un emplazamiento por medio de una bocina que tortura a los vecinos día y noche.

Qué tiempos aquellos en que el ropavejero Cirilo pasaba con su red y gritaba: ¡ropa usadaa que vendaan! Una vez al día, si acaso. Gamés nunca pensó que tendría deseos de convertirse en un asesino cereal.

Gilga ha desarrollado una hipótesis conspirativa: los sujetos que van a bordo de la camioneta ropavejera, o fierroviejero (salió albur inesperado) en realidad forman parte de una banda que roba y asalta con violencia casas habitación. Gil lo cree a pie juntillas. Si usted ve a esos individuos no le quedará la menor duda: mirada torva, peinados extraterrestres, fortaleza asesina en los brazos, exudan maldad.
Tamal

Y esto no es nada. Desde hace veinte años, todos los días, al caer la noche, acérquese y pida sus ricos tamales oaxaqueños, hay tamales calientitos, deliciosos tamales oaxaqueños. ¡Piedad! Dios de bondad. De nuevo el instinto del asesino cereal. Primero que nada, Gamés destruiría esa infernal máquina a martillazos: calientitouusssss.

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/asesino-cereal.html