Recomendamos: Cortinajes de humo, por Gil Gamés

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil caviló: con las cortinas de humo que según Liópez se han fabricado en los últimos tiempos para desviar la atención de los más graves temas del día se podrían cubrir todas las ventanas de la Torre Mayor. Lectora, lector, si están sentados párense, y si están parados, siéntense. En Villahermosa, Tabasco, en su penúltimo día de gira por ese estado, Liópez ha revelado que la salida de Miguel Herrera como director técnico de la Selección Nacional obedeció a que el presidente Peña Nieto habló con los directivos de Televisa para pedir que lo destituyeran. Ándale, meditó Gilga, ya le cayeron al presidente en la jugarreta.
Gamés loleyó en su periódico La Jornada en una nota del corresponsal René Alberto López. El señor Liópez ha dicho que tiene información de que Osorio Chong y Luis Videgaray "hablaron con los directivos de Televisa para que quitaran a Miguel Herrera como entrenador. Son muy manipuladores (...) La maleantada del gobierno también quiere desviar la atención para que los mexicanos desconozcan el lamentable hecho de que el dólar está casi a 17 pesos". La maleantada (gran palabra). Según Liópez en esta estrategia participan los medios. Gil añade: y de qué manera; nadie ha dejado de poner en su portal, pantalla, bocina o primera plana la noticia del Piojo. Ahí hay gatos encerrados.
Teléfono rojo
Gil no ha soportado la tentación de imaginar una reunión en Pinos en la cual Peña Nieto le ordena a Osorio Chong y a Videgaray una grave misión. Voz de mando: llámenle a Gómez y le dicen que dé la noticia del despido fulminante de Miguel Herrera al frente de nuestro equipo. Los secretarios contestan a coro: correcto. Ayer también le ordenamos alPiojo que le diera el pescozón a Martinoli. Todo saldrá a pedir de boca, señor presidente, los cortinajes de humo nos están saliendo muy bien de un tiempo a esta parte.
Los secretarios dicen a coro: lo del Chapo salió limpio. Hicimos en pocos días el túnel de utilería. Chapo estaba necio, que no se iba por la puerta grande si no le dábamos una piña colada. Imagine, señor presidente, una piña colada en el Altiplano. Por fortuna pasaba un señor que vendía piñas coladas y le compramos dos. Muy caras, por cierto. Junto a eso, lo de Herrera es un juego de viejos, o como se diga.
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