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No son pocos ni menores los malquerientes del presidente de México. No me refiero al humor social propio de estos tiempos, que castiga al gobernante de manera severa y que ignora sus resultados. En la actual circunstancia, hay que observar además a los enemigos gratuitos o interesados que tiene una administración que corre su quinto año del sexenio en un entorno internacional plagado de incertidumbre. En el afán de cobrar afrentas, pasar facturas o tratar de descarrillar por consigna o conveniencia política, esos enemigos no deparan en el daño que puedan hacerle al país. Este ha sido el caso del supuesto contenido de la llamada entre los presidentes Trump y Peña Nieto.
La experimentada periodista Dolia Estévez, conocedora como pocos del mundo político en Washington, hizo eco de una versión cuestionada y cuestionable en la que supuestamente el presidente de EU maltrataba a su par y le amenazaba con el cargo de enviar tropas estadunidenses, bajo el supuesto infundado del temor de las fuerzas armadas mexicanas para hacer frente al crimen organizado. La versión fue propalada en entrevista con Carmen Aristegui. No importa el prestigio de la fuente, el periodista tiene la obligación de verificar y poner toda su experiencia, como la tienen Carmen Aristegui y Dolia Estévez para no ser pieza de un juego en el que solo su imaginario les hace sentirse jugadores.
Carmen, Dolia y Associated Press fueron, sin querer, no tengo duda, piezas de un juego ajeno. A las pocas horas de la interesada filtración, AP tuvo que matizar lo señalado, una manera amable de decir que fue objeto de engaño y consecuentemente de manipulación. CNN, casa de prestigio para la que trabaja Aristegui, dio una versión diferente del mismo pasaje. Lo cierto, según pudo definirse con el paso de las horas, es que la información filtrada tergiversaba los hechos y fue sembrada con un deliberado propósito que poco tiene que ver con el interés de México. Como es común, las redes sociales se recrearon en la mentira y uno que otro medio hizo eco de la falsedad.
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