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El 25 de junio, en Guadalupe, Chihuahua, el jefe de la policía Máximo Carrillo Limones fue secuestrado y asesinado. El jefe policiaco presenciaba un partido de beisbol cuando hombres provistos de armas largas, algunos encapuchados, otros de plano con el rostro descubierto, aparecieron en el campo y obligaron a la gente a tirarse al piso.
Carrillo Limones fue subido a la fuerza a una camioneta Silverado. Era el primer jefe policiaco que en los últimos cinco años se había atrevido a ocupar ese cargo. Su cuerpo apareció horas después en el kilómetro 87 de la carretera Juárez-Porvenir, amordazado, atado de los tobillos y con la cabeza cubierta con una bolsa de plástico.
Los agentes de seguridad que estaban a su cargo no volvieron a presentarse a trabajar. El único que lo hizo fue Joaquín Hernández Aldaba, a quien Carrillo Limones había reclutado personalmente poco antes de ser asesinado.
"¿Héroe o loco?", llamó el periódico Vanguardia a Hernández Aldaba. Durante 19 días, fue el único policía que hubo en Guadalupe, Chihuahua: recorría el municipio solitario a bordo de su patrulla de la municipal, aunque andaba desarmado para evitar confrontaciones con los grupos del crimen organizado que de 2008 a la fecha han convertido el Valle de Juárez en lo que la prensa local llamó "El Valle de la Muerte".
