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Por etcétera ·

Durante muchos años circuló la idea de que la salida de Julio Scherer de Excélsior había sido enteramente obra del genio manipulador de Luis Echeverría. Esa versión de los hechos dejaba de lado los conflictos internos del “diario de la vida nacional”. ¿Por qué importa hoy esa historia? Ocurrió el 8 de julio de 1976. Luego de una asamblea muy agitada, los cooperativistas del periódico Excélsior decidieron expulsar a su director. Del brazo de Abel Quezada y otros fieles, Scherer abandonó el edificio del diario y marchó por Reforma. De ese gesto nació la prensa moderna mexicana, con sus virtudes y sus vicios.

Desde hace algunas semanas circula el libro La red de espejos. Una historia del diario Excélsior 1916-1976 (Fondo de Cultura, 2016) del historiador Arno Burkholder. Una historia muy ilustrativa sobre los mecanismos internos del periodismo nacional. El libro de Burkholder está enfocado en las relaciones entre los trabajadores y la directiva del diario, pero también, de manera importante, en las relaciones del periódico con el Estado –más específicamente–, con el presidente de la República.

Fundado en 1916 por Rafael Alducin, durante sus primeros años el Excélsior se caracterizó por ser un periódico enemigo de la Revolución y “nostálgico de las dictaduras”. La prematura muerte de Alducin en 1924 pero sobre todo la polémica cobertura que en 1928 hicieron del proceso contra León Toral, asesino de Álvaro Obregón, puso al diario en una situación precaria que, finalmente, en 1932 lo llevaría a la bancarrota. Tras los turbulentos años de la Revolución, en la década de los treinta la Presidencia se erigió “como el gran árbitro de los asuntos nacionales”

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