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Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó la noticia: el Presidente anunció la apertura de los archivos de la Policía Federal y del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), cuyos expedientes podrán ser consultados por quien quiera meter la nariz en el espionaje con que el Estado se enteraba de información que consideraba de importancia para la seguridad nacional. En la lista aparecen nombres de personajes espiables. Por lo mismo, se puede entender que el ex presidente Salinas, Cuauhtémoc Cárdenas, Liópez, Muñoz Ledo, Nazar Haro, Fox, Azcárraga Milmo, entre muchos otros, hayan sido espiados. Gilga supone que todos los gobiernos del mundo espían a algunos de sus personajes conspicuos y eso no debería asustar a nadie, tampoco enorgullecerlos, pero no hay que desgarrarse las vestiduras.
“Vamos a informarles sobre la discusión de la apertura de los archivos de la Policía Federal, de la policía encargada del espionaje en otros tiempos y del desaparecido Cisen, todos los expedientes que estaban resguardados y protegidos se van a poner a consideración, se van a abrir para que los ciudadanos puedan tener acceso a ellos, sobre todo los investigadores”, explicó el presidente Liópez Obrador.
Lo que hechiza a Gamés es el toque mexicano, la sed insaciable del espía. Escuchemos las llamadas privadas de Juan Gabriel, ellas pueden ser fundamentales para el futuro de la nación. Sí, señor, yo me ocuparé de tan importante misión y lo reportaré a mis superiores. Gil imagina el archivo de Juanga en el cual se reportaban sus actividades.
Siempre en mi mente
Juan Gabriel: mamor, no sabes la fiesta de la que te perdiste ayer, estuvo de qui-biribiri. Los invitados eran de todo, de chile (grande), de dulce (azúcar glas) y de manteca (uff). Por cierto, compuse una canción que dice así: tuú estás siempre en mi mente. La compuse y me acordé de ti mamor: adiós, querida; mira mi soledad, mira mi soledad, que no me sienta nada bien. Así se salvó la nación mexicana de peligros inconmensurables mediante esta escucha de las conspiraciones de Juanga.
Por cierto, la Dirección Federal de Seguridad también espiaba a Raúl Velasco, el conductor televisivo de Siempre en Domingo, que, como se sabe, tenía serias misiones políticas que cumplir. Raúl Velasco: ¿Sutano? La duda me corroe, ayúdame: ¿a quién le doy el estelar, a Mijares o a Gloria Trevi? No sé qué hacer? Así vivió México ese dilema que estuvo a punto de partirlo en dos.
Gil lo sabe: el espionaje es ilegal, una seria intromisión en la vida privada de las personas, pero sobre todo es un ejercicio de estupidez. Quien decidió espiar a López Tarso, ¿no es acaso un idiota? López Tarso pudo decir algo terrible: filmó en estos días La vida inútil de Pito Pérez. Es que de veras. Gamés está convencido por ejemplo que las escuchas, que las habrá, del ex presidente Peña son espacios vacíos. Señor, no se oye nada, en el espionaje al ex presidente Peña. Déjelo así, está por demás.
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