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Por etcétera ·

FOTO: TERCERO DÍAZ /CUARTOSCURO.COM

Gil lo había visto venir (no empiecen, es lunes). El incendio del PAN empezó en el granero calderonista y el fuego se propagó más allá de los límites de su bastimento. El motivo: el fiscal carnal; es decir, el procurador general de la República, Raúl Cervantes, como posible fiscal a modo para Peña Nieto y, ahora lo sabemos, para Felipe Calderón. La oposición, o lo que esto quiera decir, rechaza al fiscal carnal, y no sin razón, pero los legisladores calderonistas Roberto Gil, Ernesto Cordero, Javier Lozano, Jorge Luis Valle y Salvador Vega Casillas saltaron las trancas de la línea panista y se pronunciaron en favor del fiscal carnal. Escándalo, fractura, pleito. Los legisladores panistas votaron contra la línea de su partido y se acercaron a la línea del PRI.

Ernesto Cordero, presidente del Senado con la ayuda del PRI, afirmó que es falso que su presidencia se deba a los votos para aprobar a la Fiscalía General y con ella dar el pase automático a Raúl Cervantes. Todo es muy raro, caracho, el fiscal carnal ha desatado una crisis seria dentro del PAN; aunque Margarita Zavala se opone a ese fiscal a modo, pide de inmediato la renuncia de Anaya como presidente del PAN. Hay asuntos que Gilga no entiende, cinco legisladores panistas de primera línea haciendo un numerazo, de rodillas ante una vergonzosa propuesta del PRI, ¿no es un poco demasiado?

‘Liópez’

Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: con todos sus defectos, la vida democrática ocasiona encontronazos, rupturas, desmanes incluso; en cambio, la disciplina vertical no permite nada, se hace lo que ordena el jefe y punto com. Gilga lo leyó en su periódico La Razón: Miguel Barbosa, un senador que le simpatizaba a Gil por su seriedad y su equilibrio, ha declarado que abandona sus aspiraciones para contender como candidato para la gubernatura de Puebla. Oigan esto por piedad, pero antes ingieran unas gotas de Tetrahidrocanabidiol: “Yo le gano a cualquiera de los que aspiran a la gubernatura de Morena en una encuesta y para no ganar, por eso declino, para no pasar como que no la gané, como Monreal. No quiero hacer ningún paralelismo porque son condiciones diferentes, pero mi propósito básico es contribuir a que L(i)ópez Obrador sea el presidente de México, es mi prioridad; se puede ganar cualquier gubernatura, pero sin la Presidencia de la República, esto no va a funcionar”.

Barbosa declinó cuando supo que el ex rector de la Universidad de las Américas, Enrique Cárdenas, participaría en el proceso interno de Morena en Puebla por invitación directa de Liópez. El caso de Barbosa será paradigmático (gran palabra) y en cierto sentido definirá a todos aquellos que han saltado la tranca perredista para entrar al continente de Morena: a la basura en tres días. Oiga, Barbosa, caracho, en serio: ¿no le da un poco de vergüenza?

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