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Por etcétera ·

ASUNCIÓN IXCALTEPEC, OAXACA - FOTO: ALONSO GALLEGOS /CUARTOSCURO.COM

Los huracanes y temblores de los últimos días han dejado en México edificios derrumbados, casas destruidas por dentro y por fuera y una sensación de desamparo en buena parte de la sociedad. Y entre los escombros hay unos que sobresalen, se trata de los restos de la confianza que hoy los ciudadanos tenemos en gobiernos y políticos.

Prueba de ello son los comentarios en twitter a los anuncios del Senado y del PRI, que entre otros se han presentado como centros de acopio para ayudar a la población. Una de las frases que mejor explica esta situación fue compartida por un tuitero que decía que “llevar tus donativos al Senado sería como dejar a tu hijo en la guardería de Sergio Andrade”.

La expresión no podría ser más acertada. ¿O quién en su sano juicio puede creer hoy que los y las senadores son confiables? Nadie. Como tampoco podemos esperar que Rosario Robles —la secretaria señalada en el reportaje de Animal Político de la Estafa Maestra como cabeza de una institución que desvió dinero destinado a los más pobres— sea la mejor cara de la atención del gobierno a los damnificados.

Sé que no digo ninguna novedad, la desconfianza no es reciente, pero su crecimiento es uno de los peores saldos de este gobierno. Como evidencia basta ver la cantidad de comentarios en redes sociales de personas que desean apoyar, pero que ya dudan de cualquier intermediario.

Es normal. En los últimos años los mexicanos hemos visto historias de gobernadores que robaron sin el menor pudor; dependencias federales y locales que desviaron recursos mediante empresas fantasma; sobre todo la existencia de una red de protección que ha sido indiferente o cómplice de estos hechos, incluso cuando ya han sido denunciados. ¿O qué han hecho el gobierno federal y las universidades públicas señaladas luego de la denuncia de la red de corrupción que documentaron Animal Político y Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad?

Por ello uno de los grandes retos de quien gane la Presidencia de la República el próximo año será dar los primeros pasos para reconstruir esa confianza. ¿O cómo seguir cobrando y pagando impuestos cuando sabemos su destino?, ¿cómo llamar a la solidaridad cuando no se tiene honor para ello?

El desafío es gigante, aunque tampoco es imposible. Primero requiere reconocer la existencia del problema y admitir que hoy prácticamente ninguna institución gubernamental tiene el respaldo de la sociedad. Segundo, entender que la confianza se gana con hechos, no con discursos, lo que pasa por sancionar a todos aquellos que han hecho un mal uso de los recursos públicos en vez de apostar a la mala memoria de la población. En tercer lugar, los actores políticos necesitan trabajar con quien sí es confiable, abrir sus puertas y ventanas para que la transparencia haga su labor y permita empezar a reconstruir una relación fracturada.

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