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Por etcétera ·

Pensamos que el mal mayor es la corrupción. Y no. Es el tiempo que todo lo gasta. El tiempo y su agente corrosivo: el olvido. Llevamos un par de siglos enamorados del cambio sin apenas darnos cuenta de que toda mudanza implica destrucción. Vivimos enamorados de la moda y sus novedades aun y cuando sabemos por Leopardi que la moda es hermana de la muerte. Se ha acelerado la obsolescencia: la vida útil de las cosas se redujo a un parpadeo. No siempre fue así. Durante la revolución francesa los insurrectos lanzaban piedras a los relojes para intentar, inútilmente, detener el tiempo. Como la arena, el tiempo se nos escapa entre los dedos y tú, lector, no recordarás en unos minutos o unas horas haber leído estas líneas. El dolor del tiempo que se va y no vuelve tuvo su cantor y su testigo: José Emilio Pacheco. Hoy y aquí luchamos contra el olvido para recordarlo.
Durante algunos años Proceso fue una gran revista. Semanalmente leíamos en sus páginas las colaboraciones de García Márquez, Cortázar, Del Paso y el infaltable Inventario de José Emilio Pacheco. La columna nació años atrás, en la Revista de la Universidad bajo el nombre de Simpatías y diferencias (1960-63).
Más tarde mudó a La cultura en México con el título de Calendario (1964-1972).

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