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Con 98 votos a favor, siete en contra y una abstención, el pleno del Senado aprobó antier el uso medicinal de la marihuana, así como su cultivo con fines médicos y científicos.
Se trata de un paso significativo contra una política prohibicionista que sólo ha traído calamidades. Resulta lamentable, sin embargo, que el dictamen no haya abarcado el uso lúdico de esta yerba, ni se haya planteado siquiera la modificación del límite de cinco a 28 gramos para uso personal, que contenía la propuesta del Ejecutivo.
Seguimos siendo presas de un prejuicio histórico.
La marihuana se fuma en México desde el siglo XVIII. En un libro extraordinario (Tolerancia y prohibición. Aproximaciones a la historia social y cultural de las drogas en México. 18401940 ), el historiador Ricardo Pérez Monfort relata que llegó a la Nueva España en las naos que atravesaban el Pacífico, de la mano de marinos que a través de su consumo hallaban la travesía más llevadera.
En 1772, el sabio José Antonio Alzate se refirió a las “visiones extravagantes” que la yerba provocaba: concluyó que “en lo más los efectos y visiones son puramente naturales”.
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