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Recomendamos: Tercer día: aire sucio, por Gil Gamés

Por etcétera ·

Gil lo leyó con los ojos de plato contaminado: durante el tercer día de contingencia las condiciones para la dispersión de partículas fueron adversas y sólo dos delegaciones ofrecían aires limpios. Viento débil, radiación solar intensa. En Huixquilucan, Texcoco y Chimalhuacán había buena calidad de los aires, pero le quedaban muy lejos a Gilga de su casa: ni modo de decir, voy a Chimalhuacán a respirar aire fresco. Así, Gilga permaneció en el amplísimo estudio conectado a un purificador como el que puede verse en lo alto y a la derecha de esta página del fondo.

Gil ha recordado aquellos años en que la contingencia rebasaba los 400 puntos Imeca. Era el año de 1986 y en Xalostoc la contaminación del aire llegó a 500 puntos Imeca. Cuentan testigos presenciales que la gente se volvía loca y se tiraba de las azoteas de sus humildes casuchas. Lo primero que ocurre en 400 puntos Imecas: locura generalizada, manicomio gigantesco, deseos irrefrenables de hacer el amor con tres mujeres al mismo tiempo, si eres hombre; tres hombres si eres mujer, o como ustedes digan y manden. Está bien, esto no es verdad, pero podría serlo por los altos índices de partículas suspendidas en el aigre.

Gamés recuerda que desde hace 14 años no había un problema serio de contaminación. Una regla política indica que los problemas nunca se terminan, sólo se retiran para reorganizarse y volver. Manuel Camacho Solís era regente del DDF y un día de contaminaciones tremebundas, los pajaritos caían desde lo alto y estrellaban en el asfalto dejando embadurnada la calle con el contenido de sus pequeñas cabezas de chorlito, la de los pajaritos no las de Camacho y sus asesores, se entiende. Casi le costó la carrera a Camacho. Por desgracia no fue así.

Eran los días en que Fernando Benítez, para entonces un viejo editor de fuste y fusta, decía: hermanooo, por la causa de la contaminación mi pajarito ha muerto. Como ahora, los aires grises lo ocupaban todo.

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