Recomendamos: Voces, por Gil Gamés

Gil leyó en sus periódicos los comentarios y las opiniones de quienes acompañaron, siguieron y analizaron el fallo de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia a favor de cuatro personas que interpusieron un amparo para producir y consumir mariguana. Gil caminó sobre la duela de cedro blanco y abrió el cajón de los recortes de prensa y las impresiones de Internet. Leyó, releyó y eligió este puñado de fragmentos sobre el asunto que un consumidor callejero afuera del edificio de la Suprema Corte resumió así: “el que quiera fumar mariguana que la fume, y el que no, no”. Esta es la feria de la mota, y como diría el filósofo: no son todos, pero son algunos:
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El consumo de la marihuana, como el de cualquier otra sustancia considerada droga, sea lícita o ilícita, no es inocuo. Los efectos varían según la edad del usuario, la dosis consumida, la frecuencia y las condiciones de salud preexistentes y la vía de administración, por mencionar algunas de las variables más relevantes (…) Muchos de sus efectos mejor estudiados son proporcionalmente menores a los causados por drogas legales, como los ocasionados por el tabaco sobre la función pulmonar, por ejemplo. Un razonamiento comparativo similar permite sostener que el consumo de la marihuana es menos dañino que el del alcohol, en tanto la tasa de mortalidad generada de manera directa o indirecta por el alcohol es alta, y no hay evidencia de que exista una dosis letal para la marihuana.
-Juan Ramón de la Fuente en el sitio electrónico de Nexos.
