Opinión

2018: aspirantes de ocasión

Por Rubén Cortés ·

Hasta ahora, casi todos los que admiten aspirar a candidaturas por la presidencia en 2018, se están comportando como políticos que quieren ganar una elección y no como estadistas que piensan en el próximo cuarto de siglo.

Sólo hablan de luchar contra la corrupción, porque es el tema mejor instalado entre quienes con mayor estridencia se expresan en la sociedad. Así que, como políticos clásicos, enfilan sus promesas a eliminar “de raíz” ese mal… aunque no las vayan a cumplir.

Es un tratamiento displicente a los electores, cual si éstos fuesen perros de Pavlov, que se conducen por reflejos condicionados de estímulo-respuesta. Pero sólo muestran escasa altura de miras: resulta un oportunismo inquietante que reduzcan su discurso a la corrupción.

Porque el principal problema del país es el rezago educativo: los mexicanos en edad laboral dentro de dos décadas estarán menos preparados que los actuales, aun cuando les espera un mundo más competitivo que el actual.

Por ejemplo, uno de cada tres jóvenes que salen hoy de secundaria básica apenas sabe sumar y leer, según los resultados de la prueba PISA 2015: de un millón 741 mil mexicanos evaluados, 576 mil están por debajo del promedio de la OCDE. En el continente, México sólo quedó arriba de Brasil y Perú.

En ciencias, nuestros alumnos son incapaces de usar conocimientos básicos, interpretar datos e identificar las preguntas que resultan de un simple experimento. En lectura no tienen capacidad de localizar información en textos, no comprenden lo que leen ni pueden construir hipótesis sobre ellos.

Y en matemáticas apenas pueden realizar operaciones simples, además de que son incapaces de comparar la distancia total entre dos rutas alternativas o convertir precios a una moneda. Incluso, la proporción de mexicanos que no alcanza el nivel básico nos coloca como los peores de la OCDE.

El desastre incluye a las escuelas privadas. Por ejemplo, alrededor de 261 mil 192 alumnos de 15 años que estudian en escuelas particulares de México, tienen el mismo nivel de conocimientos en matemáticas, lectura y ciencia que los hijos de un campesino en Vietnam.

Sin embargo, Vietnam tiene un PIB per cápita de seis mil dólares y México de 10 mil 400. Pero la calidad del aprendizaje es superior allá, al extremo de que los jóvenes más pobres del país asiático tienen mejores resultados que los hijos de los funcionarios públicos y grandes empresarios mexicanos.

Es un asunto de seguridad nacional. Con mexicanos menos preparados seremos vulnerables en el entorno internacional: pura mano de obra barata o carne de cañón para el crimen organizado. Los aspirantes a gobernarnos están obligados a hablar de eso.

Porque, ojo, corrupción no es sólo llevarse dinero a puños.

Es ser irresponsable con el futuro de la nación.


Este artículo fue publicado en La Razón el 1 de marzo de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.