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Antiguos compañeros se reúnen. 40 años del CEU

"Ya somos todo aquello contra lo que luchamos a los veinte años": JEP

Por Agustín Sánchez González ·

Foto: Excélsior/Archivo

Nunca, como ahora, ha quedado mejor este poema de José Emilio Pacheco.

Hace unos años, le preguntaron a un dirigente del PRI que por qué no tenía escuela de cuadros. Con el cinismo del poder, dijo: “¡Para qué?, los mejores cuadros salen del partido comunista y del resto de la izquierda”.

Si veinte años no es nada, dice el tango, cuarenta es la putrefacción de un grupo que, en su inmensa mayoría, ha sabido acomodarse al poder, tomar el poder.

El poder en México ha sido capaz de reordenarse, de cambiar, para que todo siga igual, o peor. ¿Quién diría que hace cuarenta años dentro de este puñado de muchachos, una señorita, con un corte afro, irreconocible hoy, de nombre Claudia Sheinbaum Pardo, sería la primera presidenta mujer?

¿Y qué decir del esposo de nuestra mandataria en aquellos años “gloriosos”, el tal Carlitos Imaz? Hace dos décadas el empresario argentino lo mostró en un video, junto a René Bejar (es correcto, el trío de letras desaparecieron en las ligas) llenado las bolsas en fajos de billetes o pidiendo dinero al señor Ahumada para llevar a su familia a conocer el viejo continente.

Muchas historias, burócratas que tienen en el poder desde 1997, como los viejos priistas, saltando de un puesto a otro, como Inti Muñoz, por ejemplo.

Alguien piensa que un señor que se “tituló de abogado”, de un día para otro, sería el máximo abogado de esta pobre y alicaída Patria, ese tal Ulises Lara que no tardó diez años, sólo le bastó una noche, una familia (los Bartres) y un huesito para convertirse en, hoy, un frustrado Fiscal.

La lista es larga y las purgas también.

El autohomenaje, acrítico, debiera tener un sentido histórico, reflexivo, serio, pero estos burócratas son incapaces de eso, por eso tienen al país como lo tienen.

No son, por cierto, la primera generación que se trepa al poder. El presidente Adolfo López Mateos salió de las luchas por la autonomía, en 1929; o el nefasto Pablo Gómez, un engendro del movimiento de 1968, que vive en la nómina del Estado, desde entonces.

Querer glorificar a su generación, enquistada hoy en el poder, es parte de una historia del onanismo mexicano.

Siempre he creído que la poesía es visionaria.

José Emilio Pacheco, lo escribió con esa maestría y lo tituló así:

Antiguos compañeros se reúnen.

"Ya somos todo aquello

contra lo que luchamos a los veinte años."