¿Está mal que la CIDH cobre 1 millón de dólares?
La buena noticia es que la CIDH tiene fotos de satélite que demuestran que nunca hubo incendio en el basurero donde fue calcinado en Cocula un número indeterminado de los 43 normalistas desaparecidos. La mala noticia es que la Comisión Interamericana no quiere divulgar las imágenes.
No deja de ser una lástima este candado informativo en un asunto que puede ser trascendental para aclarar la mayor crisis de derechos humanos en el México contemporáneo, y que forma parte de un informe de trabajo por el cual los ciudadanos mexicanos pagamos un millón de dólares a los expertos.
Porque el equipo de la CIDH percibe un millón de dólares del Estado mexicano por su labor, en cada periodo de trabajo de seis meses (y ya lleva dos lapsos), lo cual está muy bien porque todo trabajo debe ser remunerado. Sólo que es importante que se sepa que la CIDH no trabaja por amor al arte.
Es criticable que retenga información de interés a los ciudadanos que cubren sus honorarios con sus impuestos. De todos modos, Melitón Ortega, padre de uno de los 43 desaparecidos, afirmó ayer que “no pueden proporcionar las fotografías, en su momento se informarán algunas cosas y otras no”.
Sin embargo, más reprensible sería que las famosas imágenes de satélite terminen siendo el mismo bluff del perito peruano José Torero, cuya investigación fue anunciada como “vuelco al caso Iguala” y sólo se trató de deducciones de oficina, a partir de “alguna variabilidad en la literatura”.
Torero basó su estudio en ilustraciones de hornos de leña y cálculos matemáticos. Además, admitió que “mi visita al basurero realmente se reproduce en un par de fotos”. Y se equivocó hasta en la orientación del viento el día del incendio, al afirmar que fue de sureste a noroeste.
Los dibujitos de Torero fueron la “prueba” de la CIDH contra los estudios del mejor laboratorio del mundo en exámenes de ADN, el de la Universidad de Innsbruck; de más de 100 peritos, del Instituto de Biología de la UNAM, del Imperial College en Londres y de la Oficina Forense de Norfolk.
Como sea, aquellos dibujitos y sumas y restas de cantidades de madera pudieron más que Innsbruck y los demás y provocaron que el gobierno mexicano abriera otras líneas de investigación, efectúe un tercer peritaje en el basurero de Cocula y extendiera otro periodo de trabajo a la CIDH.
De ahí la importancia que reviste la veracidad del nuevo “notición” de la CIDH, acerca de las imágenes de satélite que demuestran que, entre el 26 y el 27 de septiembre de 2014, no se registró ningún incendio en el basurero de Cocula.
Y no otro pretexto para… seguir cobrando.
Este artículo fue publicado en La Razón el 09 de Diciembre de 2015, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página
