Opinión

La CNTE hunde a Oaxaca en 11 días

Por Rubén Cortés ·

La insurgencia de la CNTE hundió a Oaxaca en los últimos 11 días a niveles más dramáticos que los seis meses de destrucción de la APPO hace una década, con bloqueos carreteros en 37 puntos de las ocho regiones del estado.

Esto provocó el desabasto total en mil 800 tiendas Diconsa, que surten de maíz, arroz, harina de maíz, azúcar y frijol a la población más pobre del estado más pobre del país: ninguno de esos establecimientos recibe suministros desde el 11 de este mes.

Se trata de familias de escasos recursos que compran esos productos de primera necesidad a precios preferenciales, pero que son afectadas por bloqueos y actos vandálicos que han dejado sin vida cotidiana ni actividad productiva a casi todo un estado de cuatro millones de habitantes.

Todo eso es provocado para exigir la liberación del líder de la CNTE, Rubén Núñez, quien, sin embargo, en tres años acumuló 132 millones de pesos mediante una red de lavado de dinero con cuatro empresas y personas físicas, según las acusaciones que le imputa la PGR.

Sólo en una de sus cuentas bancarias, Núñez y otros tres dirigentes movían 8.1 millones de pesos al mes, y el propio líder gana 100 mil pesos mensuales por dos plazas en una escuela de Putla, donde 75.3 por ciento de sus habitantes vive en pobreza extrema.

Sin embargo, Oaxaca está cerrada por dentro y por fuera, sin accesos con la Ciudad de México, Puebla, Veracruz, Chiapas y Guerrero, lo cual provocó la inexistencia de alimentos, medicamentos, combustible y dinero para mantener con vida la dinámica comercial y económica del estado.

Ni siquiera es posible pagar nómina y salarios a muchos trabajadores, la mayoría de los cuales son el sostén de sus familias, ya que no pueden circular camionetas de valores. Es decir, en Oaxaca no existe efectivo, salvo el que la gente tenga guardado debajo del colchón.

Únicamente en el sector hotelero, que es uno de los sostenes del estado, la insurgencia magisterial ha dejado pérdidas por 300 millones de pesos y la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera asegura que pierde aproximadamente 800 mil pesos diarios.

También están detenidos el transporte público y privado, no sólo por los bloqueos callejeros y carreteros, sino porque los insurgentes han robado e incendiado casi 100 vehículos particulares, oficiales y del servicio de pasajeros desde la capital y los 21 municipios conurbados.

¿A quiénes dañan entonces los insurgentes con sus acciones? Pues a los que dicen defender: el “pueblo trabajador” al que tanto aluden en sus discursos de izquierda trasnochada.

Es por eso que cuando comunistoides como éstos mencionan la expresión “pueblo trabajador”, no queda otra que resguardar la billetera…

Y salir corriendo.


Este artículo fue publicado en La Razón el 23 de junio de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.