Opinión

Los errores de los Chuchos

Por Alejandro Colina ·

Etcétera

Como Hamlet frente a la calavera, por un momento dudé: ¿cómo encabezo este comentario: los errores de los Chuchos o los errores del PRD? Pero luego caí en la cuenta que desde hace un tiempo los Chuchos son el PRD y la duda se disolvió. No había necesidad de calavera aunque las cifras del PRD resultaran calavéricas. El primer error de los Chuchos, desde mi punto de vista, no fue negociar reformas gubernamentales, sino negociar sin oponer un contraste al peñismo. La aspiración de pureza ha enemistado históricamente a la izquierda con la negociación política. Pero la aspiración de pureza es una cuestionable aspiración religiosa que no cabe en política. Una aspiración religiosa cuestionable porque niega que la impureza que forma parte sustancial de la vida. Pero, además, si en algún lugar no caben las aspiraciones religiosas, es en la política. De modo que la negociación no integró el error de los Chuchos, particularmente porque las reformas que acordaron pueden llegar a beneficiar el país. La hacendaria, por ejemplo, enfadó a los empresarios porque tiene un sentido distributivo. La de telecomunicaciones propone romper la concentración en el sector. El tropiezo no residió, entonces, en la negociación, sino en la renuncia a mantener un claro y vigoroso margen crítico frente al patrimonialismo, la corrupción y la impunidad que cobija el PRI en general y el peñismo en particular. Para negociar no resultaba necesario renunciar a la identidad crítica por las mismas razones por las que mantener la identidad crítica no implicaba renunciar a la negociación política.

En la misma tónica considero que el error de Los Chuchos no fue dejar ir a López Obrador, sino dejar ir a todos los demás. A Cuauhtémoc Cárdenas, a Encinas, a Marcelo Ebrad y a un largo y variopinto etcétera. Dirigir un partido familiar no es buen negocio, aunque para los cínicos lo sea. Quiero decir: es buen negocio para la familia, pero no para el país. El PRD jamás evolucionó de la época de las tribus a la época de las instituciones. Y cuando una tribu careció de la visión y la sensibilidad políticas para incorporar a las demás, la debacle comenzó a tener lugar.

Pero quizá el error más costoso de Los Chuchos fue no concederle la importancia debida a los rumores que asociaban a los Abarca con el crimen organizado. Poco importa qué tribu local, regional o nacional respaldó a los Abarca. Lo relevante fue que los rumores de esa asociación existían, y que los cabecillas del perredismo nacional no pudieron dejar de oírlos. Claro, nadie podía prever, por entonces, la tragedia de Ayotzinapa, y a nadie se le puede levantar cargos por desatender un rumor. Los rumores abundan y nadie, con un mínimo de seriedad, puede tomar decisiones con base en ellos. Por si fuera poco, los rumores en torno a la asociación criminal de los Abarca también habían tocado a la puerta de las procuradurías federal y del estado. Digamos que éste, el más costoso de los errores de Los Chuchos, fue un error involuntario, que ocurrió más allá de su alcance. ¿Hubieran podido hacer algo para evitar la tragedia? La verdad lo ignoro. Pero la gente cobró la mayor parte de la factura política de Ayotzinapa al PRD por la sencilla razón de que Abarca era un presidente municipal del PRD.