"Mamá Rosa", el silencio de los intelectuales que la defendieron y la impunidad

Hace un año, los medios de comunicación mexicanos se inundaron con el apelativo "Mamá Rosa", para referirse a Rosa del Carmen Verduzco, la encargada de un albergue desde hacía varias décadas atrás (en los inicios de los años sesenta), en Zamora Michoacán. No era para menos: las autoridades de la PGR intervinieron en aquel sitio llamado "La Gran Familia" y sin duda mostraron estrujantes, esa es la palabra, actos criminales perpetrados por esa señora y sus allegados contra decenas de niños y adolescentes.
En aquellos días, un grupo de escritores e intelectuales defendieron a "Mamá Rosa" en una carta pública. Lo hicieron mediante la condena del (en efecto) enorme despliegue de la Procuraduría General de la República pero también porque tenían su propio veredicto: ellos no tenían duda no solo de la inocencia de la señora sino que tampoco la tenían de su gran aporte filantrópico que se hizo cargo durante más de medio siglo de una situación social que debiera corresponder al Estado. Y así, con esas resoluciones mediáticas (sustentados en la presencia pública o la "autoridad moral" de los abajo firmantes de aquella misiva) ocurrió otro capítulo de aquel tipo de ritual donde los personajes públicos se erigen en fiscales.
Naturalmente, los editores de esta revista condenamos en su momento ese tipo de actitudes perniciosas frente a los procesamientos legales que tienen su propia mecánica, el silencio de esos personajes públicos frente a la sucesión de pruebas que sobrevendría también es uno de los momentos más cuestionables dentro de la costumbre de los desplegados, en épocas recientes. Aceptar que se equivocaron ha sido más difícil que sumarse a la condena de los delitos perpetrados por Rosa del Carmen Verduzco así como expresar al menos solidaridad con las víctimas de aquellos actos deleznables. Ese silencio es parte de la impunidad que hay en el país, aunque hubo quienes, como José Woldenberg que, al reparar en el error, se deslindó de inmediato.

Durante los últimos días de julio de 2014, la llamada "Opinión pública" asistía a imágenes tan contundentes como estremecedoras, y a la multiplicación de testimonios que sustentaban la acción de las autoridades federales; al fin, habían sido liberados 624 niños y adolescentes de acuerdo con la información oficial, que sufrieron diversas vejaciones, entre otras como los golpes a cambio de comida, el trabajo forzado y las violaciones; todos los testigos dicen que ello sucedió por órdenes de Mamá Rosa o al menos con su conocimiento. Pero Rosa del Carmen Verduzco no respondió a sus actos criminales porque, según las autoridades, ella no se encuenra en aptitudes físicas y mentales para ello.
Y así, poco a poco, este escándalo en los medios se fue apagando por otro, dentro de una secuela en el que cada uno implica el olvido del anterior. Para decirlo de otra manera, un año después de todo esto, los niños y adolescentes no tienen quién les escriba. Mientras, Rosa del Carmen Verduzco disfruta de la impunidad haciendo lo que sabe, es decir, al frente de otro albergue sin que ello motive la preeminencia pública vuelta denuncia que sin duda exige una situación como esta. Buena parte de las averiguaciones previas, además, se encuentran detenidas.
Mientras todo eso, los medios ahora le dan preminencia a temas como la caída del pastel del Presidente, las presuntas desaveniencias con su esposa más lo que se acumule, y en tal contexto no extrañaría que hubiera alguna otra carta en defensa de tal o cual personaje y es que, en la esfera pública, nadie da explicaciones. Faltaba más.
