Esta semana se confirmó que, a finales de agosto, en el rancho San Julián de la familia Yunes Zorrilla, ubicado en Las Vigas, Veracruz, se realizó una reunión que podría convertirse en una de esas piezas que, con el tiempo, terminarán por explicar un cambio entre quienes tienen el poder en México.
Formalmente, el encuentro tenía como objetivo construir un gran frente opositor en Veracruz. Pero la convocatoria sugiere mucho más.
El cónclave de Veracruz
Al rancho de José Yunes Suárez acudieron Jorge Romero, dirigente nacional del PAN; Alejandro Alito Moreno, presidente del PRI; Dante Delgado, dueño de Movimiento Ciudadano y Héctor Yunes, dirigente de Alianza Generacional por Veracruz.
Pero quizá uno de los invitados más importantes fue Manlio Fabio Beltrones, un político que mantiene vínculos con Ricardo Monreal, a quien considera su “hermano”; con Alberto Anaya, dirigente del PT y con Manuel Velasco, uno de los hombres fuertes del PVEM.
Es decir, no se trató de una simple reunión entre opositores. Se sentaron en una misma mesa personajes de diversos partidos, ideologías y generaciones.
Aliados que se alejan
Morena enfrenta un escenario mucho más complicado que cuando López Obrador controlaba personalmente al partido y sus aliados.
El asedio a la familia del expresidente y a sus allegados, señalados por corrupción, huachicol fiscal y presuntos vínculos con el crimen organizado ya pasa factura y los aliados parecen comenzar a tomar distancia,
El caso más evidente es el PVEM. En San Luis Potosí, decidió no ir en coalición con Morena y ya mantiene conversaciones con el PRI para construir una posible alianza rumbo a la gubernatura. En la Ciudad de México, también ha planteado competir por separado, argumentando falta de condiciones para construir un proyecto conjunto con Morena.
Situación que se repite en Jalisco, Baja California, Colima, Chihuahua, Guerrero, incluso Nayarit, donde dirigentes y legisladores han perfilado romper la alianza si no se respetan encuestas conjuntas o si continúan las descalificaciones entre grupos internos.
En Quintana Roo, la disputa entre Morena y el PVEM ya se convirtió en un pleito en el que ambos grupos han comenzado a exhibir diferencias y a golpearse públicamente. Mientras el Verde impulsa al Eugenio “Gino” Segura Vázquez, presuntamente vinculado con actos de corrupción, Morena apoya a Rafael Marín Mollinedo, exdirector de la Agencia Nacional de Aduanas mencionado en temas del huachicol fiscal.
El PT tampoco está contento. A finales de agosto, el coordinador petista en la Cámara de Diputados, Reginaldo Sandoval, acusó a Morena de soberbia y reclamó que su partido no recibe el trato ni la equidad que merece como integrante fundador del movimiento. Incluso dejó abierta la posibilidad de una ruptura.
La batalla por 2027
Dentro de Morena tampoco existe tranquilidad. Militantes y grupos comienzan a cuestionar las decisiones de las dirigencias.
En Naucalpan, por ejemplo, alrededor de 200 militantes fundadores anunciaron su salida del partido y argumentaron que la dirigencia había dejado de representar los principios con los que nació Morena.
Aunque no estamos ante una desbandada, sí resulta significativo que la situación se esté replicando a nivel municipal en varios estados, donde las bases fundadoras acusan que los comités imponen a candidatos externos y adinerados por encima de la militancia histórica.
El partido guinda comienza a generar inconformes y nuevos adversarios que buscarán refugio en el PVEM, PT, MC e incluso en la oposición.
De ahí la importancia de la reunión en Veracruz donde se estaría planteando la posible construcción de un frente para competir en 2027 y disputar el control del Congreso de la Unión y los congresos locales.
Y algo mucho más delicado que ya manejan algunos analistas.
El artículo 84 constitucional establece el procedimiento a seguir en caso de falta absoluta de la Presidencia. Si ocurre dentro de los dos primeros años, el Congreso designa un presidente interino y convoca a elecciones; si ocurre durante los cuatro últimos años, el Congreso designa a un presidente sustituto que concluye el periodo.
Por ello, cualquier reacomodo de fuerzas en el Congreso adquiere la mayor importancia.
Morena todavía conserva el poder. Pero sus aliados ya miran hacia otro lado y la oposición empieza a entender que para derrotar a Morena en 2027 tal vez basta con esperar a que termine de quedarse solo.
X: @diaz_manuel


