Opinión

Ojo, México también es tierra de oportunidades

Por Rubén Cortés ·

La verdad es que el Estados Unidos de Trump está repatriando la misma cantidad, de unos 600 mexicanos diarios, que Obama regresó durante ocho años, tiempo en que el expresidente expulsó a 2.8 millones de connacionales.

Es decir: la nueva administración no ha empezado a cumplir su propósito de deportar cuanto antes hasta tres millones de indocumentados, sin especificar nacionalidades, y con la promesa de que ya verá qué hace con los ocho millones que le queden.

Sin embargo, se entiende que, en el actual entorno anti-mexicano creado por Trump, para muchos sea noticia que cientos de compatriotas regresan expulsados del país vecino. Incluso, el presidente recibió el martes pasado a 135 que arribaron al aeropuerto de la Ciudad de México, donde les dijo: “No están solos”.

El Jefe de Estado señaló además algo a lo que nadie debería hacer oídos sordos: “México es una tierra de oportunidades”. Porque aquí se quedará a vivir una cifra muy alta del medio millón de migrantes anuales que tiene a México como trampolín para llegar a Estados Unidos.

Con quienes decidan quedarse a construir sus vidas deberíamos ser congruentes y asegurarles en nuestra tierra de oportunidades lo que exigimos para los mexicanos del otro lado: documentación, empleo, salud, garantías individuales y que no sean repatriados.

Para empezar, en Tijuana se encuentran unos tres mil 800 haitianos que pretendían cruzar a Estados Unidos, pero tras la asunción de Trump a la presidencia decidieron instalarse en esa ciudad fronteriza, donde ocho mujeres ya tuvieron hijos que por derecho son mexicanos.

El gobierno mexicano otorgó refugio oficial a apenas una veintena de haitianos, pero en los días que vienen esa cifra se incrementará muchas veces. Además de que el número importante de extranjeros no se ubica en la frontera norte, sino en la sur.

En estos momentos tramitan documentos de estancia en nuestro país miles de migrantes centroamericanos, africanos, haitianos y cubanos que llegan a México a diario, tras cruzar casi todo el subcontinente: los africanos y haitianos desde Brasil, los cubanos desde Ecuador…

Son miles y miles que en principio querían alcanzar territorio estadounidense, pero que ya varados no regresarán a sus países y preferirán tomarle la palabra al presidente cuando dice que “México es una tierra de oportunidades”.

Pero últimamente no hemos sido un dechado de virtudes. A través de un convenio, el Departamento de Estado de Obama pagó a México decenas de millones de dólares para la deportación de quienes llegan aquí. En 2016 deportamos 23 mil migrantes más de los que expulsó Estados Unidos.

Eso de salvaguardar la seguridad y proteger los derechos de los migrantes no debe ser sólo para nuestros connacionales.

Porque hay que predicar con el ejemplo.


Este artículo fue publicado en La Razón el 9 de febrero de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.