Sismo: Lo que ahora importa

El tiempo corre. A 13 días del sismo ya se vislumbran con mayor claridad los desafíos que tendrán que enfrentar la sociedad mexicana y sus autoridades. Una primera estimación del costo del desastre, a nivel nacional, es de alrededor de 36 mil millones de pesos.
Todo proceso de reconstrucción es largo y complejo, porque se mezclan intereses, aspiraciones y reclamos, pero se aprendió del pasado. Hoy uno de los ejes centrales de la ayuda, de fondo, para las personas que resultaran afectadas es que se proporcione en un plazo razonable.
Recordemos que hace apenas unas semanas se entregaron viviendas a quienes se encontraban en campamentos desde hacía 32 años, cuando la Tierra también pegó con fuerza a la capital del país.
Ahora esto no ocurrirá porque existe un esfuerzo puntual de las áreas del Gobierno de la Ciudad de México responsables de atender la emergencia y porque además se cuenta con organizaciones de la sociedad civil actuantes y participativas.
Vendrá, por necesidad, una etapa de revisión de reglamentos y protocolos para estar más preparados ante la posibilidad de otra tragedia de dimensiones similares, con más elaborados esquemas de atención y respuesta y con un entramado legal que dote de herramientas para actuar con prontitud. Estamos en una zona sísmica y esto no cambiará.
La ciudad se encuentra ante la posibilidad de plantear un nuevo desarrollo, acompañado de los avances en la tecnología. En cuestiones de seguridad hay que aprovechar el conocimiento adquirido y por eso será relevante lo que tengan que decir los expertos, respecto a lo que ocurrió el 19 de septiembre y sobre todo en lo que se refiere a las construcciones y su resistencia a los fenómenos naturales y en particular los sísmicos.
La transparencia es indispensable, porque la información, hoy lo sabemos mejor que nunca, permite salvar vidas.
Hay un cambio de agenda. Algunas cuestiones que importaban mucho, ahora no son relevantes ni lo serán. En contraposición, se colocan en el espacio público temas que estaban soterrados o que eran motivos de debate sólo entre pequeños grupos interesados.
Es evidente, y por fortuna, que ahora lo que más importa son los ciudadanos y sus familias. Garantizar un porvenir provechoso es una tarea de la que no puede sustraerse nadie, porque de ella depende el futuro de un país.
Días de pruebas y enseñanzas, en los que surge lo mejor que tenemos como sociedad y ello permite albergar todos los motivos de esperanza. México, ante las desgracias, crece y se une en lo esencial, lo que debe ser motivo de orgullo y más en un panorama internacional bastante sombrío, donde algunas de las democracias más vigorosas viven momentos más que complicados.
Este artículo fue publicado en La Razón el 2 de octubre de 2017, agradecemos a Julián Andrade su autorización para publicarlo en nuestra página.