Opinión

Violencia: no necesariamente estamos peor

Por Julián Andrade ·

¿El 2017 es el año más violento en al menos dos décadas? Los datos indican que hubo un aumento en los homicidios dolosos del 13 por ciento si se comparan con 2011, pasando de 22 mil 409 a 25 mil 339. En otros delitos hay un comportamiento similar.

¿A qué responde esta situación? Hay factores diversos y uno poco atendido es el que tiene que ver con la forma de contabilizar los delitos.

El Sistema Nacional de Seguridad Pública estableció una nueva metodología, la que incorpora más delitos y una elaboración mucho más estricta.
Por ejemplo, hasta hace relativamente poco, un 20 por ciento de los municipios no reportaban datos y si bien éstos podían estar en las mediciones estatales, no eran del todo confiables.

Esto es, no necesariamente estamos peor que en el pasado, sino que ahora contamos con información de mucho mayor calidad.

Llegar a estos reportes no fue sencillo, y requirió de una amplia tarea de capacitación y convencimiento. Uno de los riesgos era el observar un repunte en las incidencias, pero otro era continuar con puntos brumosos o de plano ciegos en los análisis.

El contexto es distinto y difiere del que vivíamos, sobre todo en algunas regiones del país, en el sexenio pasado y que requirió de acciones específicas para enfrentar a bandas criminales que extorsionaban a la sociedad.

Muchos de los episodios más cruentos y cotidianos, pasaron a ser menos frecuentes.
Ahora un tema inquietante, entre otros, es el aumento (el de mayor proporción) de los asesinatos relacionados con riñas, robos, venganzas y problemas intrafamiliares.

Esto responde a que hay un aumento de las armas en las calles y a que dejó de ser un delito grave la posesión ilegal de éstas.

Es ahí donde se notan, con mayor claridad, los desafíos para el nuevo Sistema de Justicia Penal que, con su reducción de los delitos que implicaban una prisión preventiva oficiosa, está generando una percepción de impunidad.

Los jueces, además, no siempre utilizan de manera adecuada el poder que les confieren las leyes, para dejar en las cárceles a quienes implican un riesgo y así cancelar o reducir lo que se conoce como puerta giratoria, y que no es sino delincuentes que reinciden a pesar de ya haber sido detenidos en el pasado.

Esto es, no crece el número de bandidos, sino la recurrencia con la que se cometen delitos.
Como se ve la complejidad es alta, pero al menos ahora se cuenta con un análisis más adecuado. Esto no quita la zozobra ni el miedo, pero permite a las autoridades generar mejores estrategias para enfrentar el drama de la inseguridad.


Este artículo fue publicado en La Razón el 22 de enero de 2018, agradecemos a Julián Andrade su autorización para publicarlo en nuestra página.