Recomendamos: La excursión de las muchachas muertas

Ha pasado casi un mes desde que leí el libro, tres novelas cortas escritas por la alemana Anna Seghers, tiempo suficiente para releer algunos párrafos en frío, y defender esa idea imprevista y espontánea que pronuncié en compañía de algunos amigos, que La excursión de las muchachas muertas, es a mi juicio -con todo el componente subjetivo y emocional que uno implica en estas afirmaciones- una de las mejores novelas cortas escritas en el siglo XX.
Desde hace unos ocho meses, la pasión por el relato ha logrado desterrar la antigua supremacía de la novela en mi canon, de manera misteriosa y natural. En ese tiempo, pude releer la ingente colección de autores de relatos que había ido acumulando a lo largo de mi existencia, y rellenar las lagunas que me faltaban. Fruto de aquella hermosa experiencia, publiqué el post de La historia del cuento moderno, que giraba en torno a los dos grandes maestros del cuento contemporáneo, Chejov y Kafka, y a sus ilustres seguidores, que se reunían en torno a ellos prácticamente hasta nuestro días. No tardaré mucho en añadir a Anna Seghers a esa ilustre -y seguramente imperfecta- reunión de autores que elegí para el artículo, pero quizá debería ponerla con mayúsculas, y única y exclusivamente por el relato de La excursión de las muchachas muertas, obra maestra de la precisión, el talento narrativo, la estructura literaria, la emocionalidad y la imaginación poética.
Debo reconocer que no sabía nada de esta escritora alemana, que me guié, sino recuerdo mal, por una reseña publicada en El país cuando Bruguera tuvo la valentía de editar la obra el año 2007. El título me provocaba esa sensación de falsa envidia ante los grandes títulos de la historia de la literatura que quienes me conocen saben que repito con monótona insistencia; me había robado uno de esos que yo hubiera deseado para mí. Lo bueno de leer algo de lo que apenas sabes nada es que eliminas todos esos prejuicios que suelen albergar los libros recomendados o los de aquellos autores que significan algo más que su literatura -en general ninguno debería ser algo más que su literatura, pero es inevitable en mitómanos de mi calaña, aderezar las excelencias narrativas con pinceladas vitales que me sirven para dar a conocer a otros mis pasiones, o para que yo mismo aumente la satisfacción-, y eso me sucedió con Anna Seghers. Era un paisaje virgen, no tenía referencia alguna, y mi única atracción declarada era el título y la revisión descuidada del artículo. Después de su lectura he podido conocer algunos aspectos de su vida fascinantes, aunque hay que indicar que su página web está escrita en alemán.
A la par que elaboraba las premisas de éste post, un amigo en ciernes me insistió con que leyera La inspiración y el estilo de Juan Benet, libro ensayístico que giraba en torno a las ideas del autor sobre literatura. Con Juan Benet no me atrevo todavía a pertrechar un texto, primero porque tengo pendiente -mancha que espero pronto limpiar- la lectura de la que sus admiradores consideran su mejor obra “Una meditación”, y la época lejana en la que leí Herrumbrosas Lanzas con absoluta devoción me inspira una cierta desconfianza por razones que no vienen a cuento, y se remonta a los primeros años noventa.
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