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Por etcétera ·

El servicio secreto KGB sabía mejor que nadie lo mal que le iba a la Unión Soviética en los años anteriores a su desaparición. Y al mismo tiempo, sus agentes destacados en el extranjero eran los que en la élite soviética tenían más experiencia con el capitalismo real existente. Como resultado, parte del KGB inició todo tipo de deliberaciones sobre las reformas del sistema soviético.

Muchas de las ideas que se perseguían entonces en los institutos científicos de la Unión Soviética sobre elementos de libre mercado y un poco más de democracia dentro del sistema, opción que el Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), Mijaíl Gorbachov, intentó aplicar en la perestroika a partir de mediados de la década de 1980, fueron solo posibles con la amistosa aquiescencia del KGB.

Sigue siendo una incógnita

Gorbachov, premio Nobel de la paz 1990, uno de los grandes reformistas de la segunda mitad del siglo XX, de personalidad tan compleja como su obra, fue sucesivamente leninista, economista de mercado, comunista, preservador y destructor del sistema soviético y, por último, demócrata, afirma el historiador y realizador cinematográfico Ignaz Lozo, gran conocedor de la biografía de este estadista, quien ha cumplido 90 años de edad el pasado 2 de marzo.

Lozo, quien rodó también un filme sobre su figura, acaba de publicar el libro Gorbatschow. Der Weltveränderer (Gorbachov. El transformador del mundo), publicado ahora por la prestigiosa editorial científica wbg Theiss, de Darmstadt.[nota 1]

No fue por casualidad que el ex jefe del KGB, Yuri Andrópov, tratara de iniciar el cambio durante su breve mandato como jefe de Estado y de partido a principios de la década de 1980, promoviendo al reformista Mijaíl Gorbachov. Al mismo tiempo, otras fuerzas del servicio secreto sacaron conclusiones de su conocimiento sobre la debilidad de la Unión Soviética para preparar el colapso del mismo sistema que se suponía defendían.

La década crucial

A partir de mediados de la década de 1980, empezaron a trasladar grandes activos fuera de la Unión Soviética a través de diversas formaciones de empresas en países occidentales, lo que les ayudaría a lanzarse personalmente a un nuevo futuro mientras mantenían viva la red de agentes.

Hoy, casi cuatro décadas después, Vladimir Putin no es un gobernante absoluto. Como presidente ruso, se ha convertido en el rostro y cabeza de esa red de ex agentes del KGB que comenzó a formarse en los últimos años de la Unión Soviética. Con el ascenso de Putin al más alto cargo del estado este entramado regresaría al poder en Rusia para quedarse hasta ahora.

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