Invadir la vida privada e íntima del otro no tiene justificación (excepto cuando con ello se desvele alguna transgresión legal). No tiene justificación ni con el pretexto de defender cierta causa, como la de los derechos de los homosexuales, elaborar “literatura gay” y con ello entrometerse bajo la cintura de los demás ni para exhibir la doble moral o cualquier otra inconsistencia en la vida de los otros. No es ético defender los derechos propios mientras se transgreden los derechos de los demás. Además es un contrasentido con los principios que se dicen enarbolar.
Esto viene a colación, entre otras cosas, porque el “Frente Orgullo Nacional”, que defiende la diversidad sexual, difundió una lista de jerarcas católicos que habrían mantenido relaciones homosexuales. Más allá de que varios medios como La Jornada le confirieron verosimilitud a la información de ese Frente, creemos que vale la pena insistir, una y otra vez, en que esas formas no son adecuadas para abrir paso a los derechos gays y que, incluso, más bien pertenecen a los modos del adversario al que se dice combatir, es decir, son una especie de hoguera de persecución contra el otro que no cree ni piensa lo mismo que ellos quisieran, con el pretexto de exhibir la doble moral.
