Editorial: Bartlett y Korrodi, el pragmatismo por encima de lo que sea

El fin de semana pasado fue prolífico en ejemplos sobre la memoria y el pragmatismo dentro de la dinámica política mexicana.
El senador Manuel Bartlett Díaz, mediante una entrevista con el periódico Reforma, dijo que Carlos Salinas de Gortari, en realidad, no ganó la Presidencia de la República sino que éste se afianzó en el cargo debido a una alianza con líderes del PAN; y ello lo afirma Bartlett 29 años después, cuando entonces era titular de Gobernación, y luego de haber sido secretario de Educación Pública, senador y gobernador en Puebla por el PRI. Sea o no cierto lo que afirma el ahora coordinador de la bancada parlamentaria en el Senado por el PT, llama la atención el silencio que mantuvo y, ahora, la oportunidad que busca para ser parte de los actores políticos que, aglutinados en Andrés Manuel López Obrador, buscan participar en el proceso electoral federal de 2018.

Del otro episodio, ocurrido también entorno del máximo líder de Morena es protagonista Lino Korrodi, el controvertido personaje que, al frente de los “Amigos de Fox”, fue señalado como el principal responsable del rebase del tope de campaña del proceso electoral federal que dio como resultado la primera alternancia en el cargo de Presidente de México, y no sólo: el IFE determinó, mediante una exhaustiva investigación, que los recursos empleados para aquella campaña también provinieron del extranjero, todo lo cual es ilegal, desde luego, por lo que el árbitro electoral definió una multa de 500 millones de pesos. Con tal contexto, el empresario Korrodi forma parte ya del pacto político que promueve a López Obrador, quien aceptó (si no es que promovió) ese apoyo.
En ambos casos destaca esa suerte de purificación de personajes públicos controvertidos ya que, con su apoyo al máximo líder opositor de México, adquieren ese carácter por andar en el sendero de una alternativa política diametralmente distinta a la del PAN y el PRI. También destaca no solo la falta de memoria o el pragmatismo e incluso la inconsistencia política sino el silencio de la militancia del Movimiento de Regeneración Nacional porque buena parte de esta se templó dentro de la intensidad política de 1988 y el 2000, con Cuauhtémoc Cárdenas a la cabeza. Junto con ello, claro, es posible esperar otro tipo de adhesiones controvertidas como parte de una estrategia de acumulación de fuerzas y golpes mediáticos aunque habrá que ver hasta qué punto resultan costosas.