Editorial

El INE llega tarde y mal a conocer Internet

Por Marco Levario Turcott ·

De acuerdo con la nota de El Universal, el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, afirmó que Internet y las redes sociales son instrumentos muy poderosos para comunicar, sin embargo, “no son tan fuertes como para crear en automático democracia”. El tema, claro, no es tan tan trivial ni tan sencillo.

Internet es una plataforma de comunicación y las redes sociales son una herramienta para tal efecto. Ignoro a qué se refiere Córdova cuando alude a su fortaleza. Podría ser a la llamada “brecha digital” (es decir, las personas para quienes no está disponible el empleo de la web); hace un año la OCDE estimó que el 42.5% de la población del país está conectada, lo cual es un dato muy importante y todo parece indicar también por las oportunidades de negocio, en aumento. Otra posibilidad es que el consejero se refiera al bajo nivel del intercambio público en estas redes sociales e incluso a su capacidad para esparcir noticias falsas. Sea cualquiera de esos casos, u otro, el doctor Córdova se equivoca: la función de Internet no es crear democracia, por muy poderoso que éste sea (y lo que sea que signifique la palabra “poderoso”) no la tiene como no la tiene la televisión o la radio y la prensa. La recreación de la democracia ocurre en esos ámbitos, eso sí, y por las características de cada dispositivo de comunicación hay más o menos cobertura (la televisión abierta es el dispositivo que más cobertura tiene en el país), y ello no determina más o menos democracia. El canal de Las Estrellas tiene más cobertura pero Laura Bozzo difícilmente alienta al fortalecimiento de la democracia (y no por eso puede creerse que la señora Bozzo debe desaparecer de la pantalla).

Nada puede crear en automático democracia. Nada. Ni Internet ni las redes sociales ni AMLO ni algún discurso improvisado de Lorenzo Córdova. Nada. Hablar frente a molinos de viento y lucirse frente a ellos tampoco. La democracia remite a leyes, normas e instituciones para procesar contiendas electorales; también remite a distribución de poderes, atribuciones y responsabilidades en los ámbitos de representación. Y desde luego que también implica prácticas políticas entre esos sujetos que detentan o representan aquellos poderes, así como a la sociedad que se expresa de modos distintos, entre otros en efecto, a las redes sociales. Puesto en esos términos, la democracia conduce a prácticas, vale decir, convivencia o interacción. Internet no determina la capacidad de los usuarios sino al revés, estos deciden los contenidos y, en efecto, buena parte de ellos son deplorables. Internet y las redes sociales son espejo de la sociedad, no un instrumento para crear en “automático democracia” y si eso es cierto, como creo que lo es, la democracia es un proceso, inacabado, errático e incierto.

Leamos la frase: “No tenemos un INE tan fuerte como para crear en automático democracia”, yo inventé la frase y, desde luego, se trata de un disparate. Tenemos una autoridad electoral que funciona según el andamiaje normativo y legal que le definieron los partidos políticos e incluso su integración, los consejeros, están definidos por cuotas de esos mismos partidos. Entonces, el INE refleja la estatura de nuestra democracia al mismo tiempo que, en el terreno electoral, pretende ser garante del respeto al voto (y creo que lo es, por cierto). Esa es su función, no otra. El fortalecimiento de la democracia implica procesos mucho más complejos.

El doctor Lorenzo Córdova advirtió (siempre según la nota de El Universal) que la autoridad electoral debe estar preparada “para entender, comprender y encauzar Internet”. Creo que el INE llega tarde y mal a ese ejercicio, entre otras razones como las antedichas, porque no hay autoridad que pueda o deba encauzar Internet o las redes sociales. En todo caso, lo que sí ocurre es lo contrario: desde las redes sociales se han encauzado decisiones de la autoridad y ese es un proceso que, guste o no, llegó para quedarse.

Marco Levario Turcott